Saturday, August 16, 2008

Discurso de Leonel Fernández ante Asamblea Nacional el 16 de Agosto 2008. Juramentación nuevo período de gobierno 2008-2012


16 de Agosto 2008

Excelentísimo Señor Presidente de la Asamblea Nacional, Reynaldo Pared Pérez;
Excelentísimo Señor Presidente de la República de El Salvador, Elías Antonio Saca González;
Excelentísimo Señor Presidente de la República de Panamá, Martín Torrijos Espino;
Excelentísimo Señor Presidente de la República de China, Taiwán,Ma Ying-Jeou (Má Ién Iú);
Excelentísima Señora Presidenta de la República de Chile,Michelle Bachelet;
Excelentísimo Señor Presidente de la República de Guinea Ecuatorial,Obiang Nguema Mbasogo (Guema Obián);
Excelentísimo Señor Presidente de la República de Honduras, José Manuel Zelaya Rosales;
Excelentísimo Señor Presidente de la República de Colombia,Alvaro Uribe Vélez;
Excelentísimo Señor Presidente de la República de Haití,René Preval;
Excelentísimo Señor Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Chávez;
Excelentísimo Señor Presidente de la República de Nicaragua Daniel Ortega
Su Alteza Real, Felipe de Borbón y Grecia,
Príncipe de Asturias;Excelentísimo Señor Primer Ministro de las Antillas Neerlandesas,
Emily De Jongh-Elhage (Emily de Iong Eljaje);Excelentísimo Señor Primer Ministro de San Cristóbal y Nevis, Denzil Douglas;
Excelentísimo Señor Vicepresidente de la República de Guatemala, Rafael Espada;
Excelentísimo Señor Vicepresidente de la República de Nicaragua,Jaime Morales Carazo;
Excelentísimo Señor Vicepresidente del Consejo de Estado de la República de Cuba,Juan Esteban Lazo Hernández;
Excelentísimo Señor Vicepresidente de la República de Ecuador,Lenín Moreno Garcés;
Excelentísimo Señor Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, José Miguel Insulza;
Excelentísimo Señor Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno;
Excelentísimo Señor Secretario General Iberoamericano, Enrique Iglesias;
Excelentísimo Señor Secretario General del Sistema de Integración Centroamericano, Aníbal Quiñones;
Su Excelencia Reverendísima Enviado Extraordinario por Su Santidad Benedicto XVI,
Arzobispo Monseñor Antonio Arcari;
Excelentísimos Señores y Señoras Jefes de Misiones Especiales y de Organismos Internacionales;
Invitados Especiales;
Su Eminencia Reverendísima Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, Monseñor Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez;
Señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Subero Isa;
Honorable Señor Vicepresidente de la República, Rafael Alburquerque y Señora Martha de Alburquerque;
Excelentísima Señora Primera Dama de la República, Margarita Cedeño de Fernández;
Señora Yolanda Reyna;
Altos Funcionarios Civiles y Militares;

Señoras y Señores:

Hace exactamente 30 años, en el 1978, luego de un dramático e intenso proceso electoral, la República Dominicana se vio sumergida en una situación de crisis política.

El pueblo dominicano, que en aquel entonces había optado mayoritariamente por un cambio de dirección política, sentía la angustia de ver al país precipitarse hacia el abismo.

He aquí, sin embargo, que aquellos lúgubres días de legítima preocupación sobre el destino de la nación, se convirtieron en los cimientos para dar origen al más largo periodo de estabilidad política democrática conocida en la historia de la República.

Mas aún, de esa momentánea crisis electoral dominicana surgió el proceso de transición democrática que desde la década de los 80 se ha expandido por toda América Latina.

Así es, señoras y señores, la transición hacia la democracia y la libertad en América Latina, de la cual en este año se cumplen tres décadas, tuvo su origen aquí, en la República Dominicana; y aunque fue un aporte modesto, nos sentimos profundamente orgullosos de esa contribución al bienestar de nuestros hermanos pueblos de América.

Ahora, al culminar el torneo electoral del pasado mes de mayo, lo que reinaba en la República Dominicana era un ambiente de paz, de armonía y de renovada esperanza hacia la construcción de un mejor futuro.

No cabe dudas, 30 años después de nuestra crisis electoral, la democracia dominicana se ha consolidado; y lo que emergió triunfante en la pasada consulta popular no fue un partido político, ni siquiera una alianza de partidos, ni tampoco ningún candidato en especial.

Quien surgió victorioso de nuestro último certamen electoral fue nada más y nada menos que el pueblo dominicano.

Ahora bien, Honorables Miembros de la Asamblea Nacional, en el año 2004, al asumir por segunda vez la conducción de los destinos nacionales, negros nubarrones, en forma de malos presagios, se cernían sobre los cielos de la República.

En aquel momento el país se enfrentaba a la crisis económica más severa que nos ha afectado en los últimos 50 años. Entonces prevalecía una situación de fuerte depreciación de la moneda, alta inflación, salida de capitales, déficit del sector público, atrasos en el pago de la deuda externa, colapso del nivel de crecimiento económico, disminución progresiva de la credibilidad del país a nivel internacional y deterioro brutal en las condiciones de vida de los distintos sectores de la vida nacional.

La incertidumbre, el escepticismo y el desconcierto predominaban en el ánimo público. Se había perdido la fe en nuestro futuro. Se había evaporado la confianza en nuestra capacidad de recuperación. Nuestra autoestima como nación se había desvanecido.

No obstante, debido al diseño de una visión estratégica de futuro, a la elaboración de un plan coherente, al cumplimiento estricto de las metas trazadas en el acuerdo stand by con el Fondo Monetario Internacional, al trabajo tesonero, a la perseverancia en la conquista de nuestros objetivos y a la confianza de la mayoría del pueblo en nuestras ejecutorias, podemos afirmar hoy con gran satisfacción, que hemos logrado superar las adversidades y dificultades que ponían en riesgo la estabilidad, el progreso y el bienestar de nuestra nación.

En base al trabajo, la dedicación y la confianza en un mejor porvenir, superamos la crisis heredada del 2004.

En los últimos tres años se registró un crecimiento promedio anual del Producto Interno Bruto, en términos reales, de 9.5 por ciento.

Ese es el más alto crecimiento promedio de la región, durante el período, y uno de los más elevados a nivel mundial.

El déficit del sector público no financiero de 3.1 por ciento del PIB en el 2004 se convirtió en un superávit de 0.1 por ciento en el 2007, lo que nos permitió recuperar la sostenibilidad de las cuentas fiscales y que el país volviese a ser considerado un sujeto de crédito confiable por parte de la comunidad financiera internacional.

La inflación promedio para el periodo indicado alcanzó 7.1 por ciento, lo que contribuyó en gran medida a la recuperación del salario real de los trabajadores dominicanos por la consecuente mejoría del poder adquisitivo de la moneda dominicana.

De igual modo se lograron durante los años 2005-2007 reducciones históricas en las tasas de interés activa y pasiva del sistema financiero, lo cual generó un crecimiento extraordinario de la cartera bancaria a sectores estratégicos, como es el caso de la vivienda.

Hubo un fuerte flujo de capitales hacia el país que posibilitó una importante acumulación de reservas internacionales por parte del Banco Central.

Al 31 de diciembre del 2007, las reservas netas habían alcanzado 2 mil 395 millones de dólares, un incremento de 1 mil 793 millones respecto al nivel registrado al finalizar el 2004.

La inversión extranjera directa, que al culminar el 2004 fue apenas de 909 millones de dólares, alcanzó 1 mil 698 millones de dólares en el 2007, el cual ha sido el nivel más alto alcanzado en toda la historia de la República Dominicana.

Una expresión concreta de la estabilidad lograda es la relativa a la tasa de cambio de la moneda dominicana con relación al dólar. Durante los últimos cuatro años, la tasa de cambio de la moneda dominicana ha oscilado entre 29 y 34 pesos por dólar.

Hoy podemos hablar de un sector financiero solvente. Hemos superado la crisis bancaria. Así lo muestran los indicadores del sector en lo relativo a su rentabilidad y la morosidad de su cartera. El país cuenta ahora con un mejor sistema de supervisión bancaria.

En lo que concierne a un tema de generalizada preocupación, como lo era el denominado déficit cuasi fiscal del Banco Central, debemos informar que ese déficit se redujo de un 3.6 a 1.8 por ciento del PIB, durante los últimos cuatro años.

La tasa de desempleo ha caído de 19.7 por ciento en octubre del 2004 a 14 por ciento en abril del 2008, el mismo nivel que teníamos al concluir nuestro primer período de gobierno en el año 2000.

Ese cambio en la tasa de desempleo significa que durante la administración 2004-2008 se crearon cerca de 500 mil nuevos empleos, como habíamos prometido. Eso contribuyó a una disminución de ocho puntos porcentuales en el nivel de pobreza, que cayó de 43.4 por ciento en octubre del 2004 a 35.7 por ciento en octubre del 2007.

A pesar de las difíciles restricciones presupuestarias que hemos enfrentado, el gasto social ha sido aumentado de 7.5 por ciento del PIB en el 2004, a 9.1 por ciento del PIB en el 2007.

Aunque todavía lejos de nuestras aspiraciones, el gasto en educación, salud y seguridad social se incrementó casi 2 puntos porcentuales al pasar de 3.4 a 5.3 por ciento del PIB durante el periodo de referencia.

En fin, Señores Legisladores e Ilustres Invitados, los esfuerzos desplegados por el Gobierno y la población dominicana durante los últimos cuatro años han tenido como recompensa la superación de una situación que sólo cuatro años atrás parecía conducirnos de manera inevitable hacia el abismo y la catástrofe.

Sin embargo, parece que el destino nos tiene reservado para grandes pruebas. No bien hemos logrado salir, luego de múltiples e ingentes esfuerzos de la crisis interna que nos abatió durante el cuatrienio 2000-2004, cuando ahora, al iniciar este tercer mandato presidencial, se avizora en el horizonte un deterioro de la economía global, como sólo había ocurrido durante la Gran Depresión.

Reconozco que un gran temor se ha apoderado del mundo respecto de los alcances de esta nueva adversidad. Que hay, una vez más, desasosiego e intranquilidad en relación a esta nueva calamidad económica que mantiene a buena parte de la población mundial en estado de zozobra.

No obstante, al asumir el poder, en enero de 1933, precisamente en medio de las grandes turbulencias económicas y financieras que sacudían a los Estados Unidos y al mundo de su época, Franklyn Delano Roosevelt advirtió que para superar la crisis lo primero que se requiere es valor y coraje, y por eso a lo único que debe temerse es al miedo mismo.

Así debemos enfrentar nosotros este nuevo periodo de gobierno, 2008-2012, que hoy se inicia. Sin miedo. Sin temor. Sin vacilaciones. Con valentía. Con coraje. En base a nuestra capacidad de trabajo. Con estricta e indeclinable confianza en el futuro, pues sabemos que en todo momento, este pueblo, de venerable tradición cristiana, estará protegido y conducido por aquel que guía nuestro destino: Dios, el Todopoderoso.

La actual es una crisis global caracterizada por los altos precios del petróleo y de los alimentos; por turbulencias en los mercados de capitales; por una crisis financiera, y por una caída abrupta del sector hipotecario, fundamentalmente en los Estados Unidos, todo lo cual ha conducido a una desaceleración del crecimiento económico a nivel mundial, a un incremento de la inflación y a un deterioro de la cuenta corriente de la balanza de pagos de los países importadores netos de productos básicos.

En estos momentos, Estados Unidos se encuentra padeciendo una disminución del crecimiento de su economía a nivel de la mitad del año pasado, esto es, de 2.2 por ciento en el 2007, a 1.1 por ciento en el 2008; y una caída del índice de confianza del consumidor a los niveles más bajos de los últimos 16 años.

Igualmente, está afectado por un fuerte déficit fiscal, que para este año se proyecta en cerca de 500 mil millones de dólares; por un debilitamiento del valor del dólar frente al euro y otras monedas; y por la crisis hipotecaria del sub-prime, que ha tenido un costo que ya ronda por los 400 mil millones de dólares, provocando que algunos de sus bancos más importantes se hayan tambaleado ante la furia y la magnitud de la crisis desatada.

Actualmente, la industria automotriz en los Estados Unidos atraviesa su peor año en una década. Lo mismo ocurre con las líneas aéreas y con los camioneros transportistas, los cuales han reducido su personal, y por consiguiente, la calidad de su servicio.

En Europa, baja el crecimiento de la economía. Se incrementa el índice de desempleo, sube la tasa de interés de los préstamos bancarios y el costo de la vida alcanza su más alto nivel desde 1999.

En América Latina, con excepción de los países productores y exportadores netos de combustibles fósiles, todos los indicadores de progreso y bienestar de la economía se ven estremecidos por el paso de los vientos huracanados de la actual tormenta económica mundial.

En fin, como pueden Uds. apreciar, se trata de una crisis de dimensiones globales, cuyo origen se encuentra en los grandes centros de poder del mundo y que para desactivarse exigirá la aplicación de un conjunto de medidas que reoriente el curso de la humanidad en los años por venir.

Tomemos, por ejemplo, el caso del petróleo. Se reconoce que diversos factores intervienen en su determinación de precios, como la relación entre oferta y demanda, la insuficiente inversión en nuevas refinerías, el incremento de los costos para extracción y procesamiento del crudo, el efecto de desastres naturales, la incorporación de China e India al gran consumo y los resultados de las tensione geopolíticas.

Comprendemos todo eso. Más aún, estamos conscientes que la actual civilización descansa en el uso de los combustibles fósiles.

En el 1900 el mundo produjo 150 millones de barriles de petróleo. En el 2000, cien años después, produjo 29 mil millones de barriles de petróleo, lo cual equivale a un incremento de 180 veces más.

El siglo XX, que ha sido considerado como el período histórico de mayor celeridad en la promoción del progreso y la modernización del género humano, fue, esencialmente, el siglo del petróleo.

Todo eso es comprensible y aceptable. Lo que no puede comprenderse ni aceptarse es la manipulación de algunos medios, llevada a cabo a escala planetaria, con la intención deliberada y cómplice de ocultar ante el mundo el papel de la especulación en el alza abrupta de los precios de los combustibles en los mercados internacionales.

La especulación opera de manera simple. En el mercado de contratos a futuro, alguien vende un petróleo que no tiene. Otro compra un petróleo que no espera recibir, con la extraña consecuencia de que ambos ganan dinero.

Parece una cantinflada. Pero no, es el capitalismo de casino del siglo XXI, funcionando a plena capacidad. Es un capitalismo de papeles, de manipulación, de fraude y de extorsión, que no tiene ninguna vinculación con los fundamentos de la economía real.

Debido a esa modalidad de capitalismo de casino, las bolsas de valores que operan con contratos a futuro, se han convertido en gigantescas e incontrolables salones de apuestas, cuyas actividades afectan los precios de los productos en la economía real.

Actualmente, hay más de 860 mil contratos a futuro de petróleo en las bolsas de Nueva York y Londres. Eso representa más de 870 millones de barriles de petróleo, lo que es prácticamente la producción de un año.

Esa enorme cantidad de petróleo sólo existe en papeles. Sin embargo, esos papeles, conforme al juicio de varios expertos que declararon por ante el Senado de los Estados Unidos, influyen por lo menos en el 30 por ciento del precio real de los combustibles.

El mundo no puede seguir así. No puede seguir apoyándose en la codicia, el egoísmo, la avidez y el engaño para amasar grandes fortunas en beneficio de unos pocos.

El mundo tiene que cambiar. Tiene que eliminar toda forma de injusticia, discriminación y desigualdad que exista. Tiene que avanzar su marcha hacia el mañana fundamentándose en la solidaridad, la cooperación y la integración.

A pesar de sus complejidades, el mundo, sin embargo, es bastante simple. De lo que se trata es de cambiar la codicia por la generosidad y la avaricia, por la fraternidad.

La globalización no puede seguir sin reglas que la gobiernen. El sistema financiero internacional no puede continuar operando en forma desregulada y sin supervisión adecuada. El libre comercio resulta insuficiente si al mismo tiempo no es comercio justo.

No hay razón alguna para que el presidente del Banco Mundial siempre sea un norteamericano; para que el director general del Fondo Monetario Internacional siempre sea un europeo; ni para que hasta ahora ningún africano o latinoamericano haya podido presidir la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Las instituciones de Bretton Woods, que fueron creadas para regir el mundo de la post-segunda guerra mundial, quedaron obsoletas cuando la Guerra Fría llegó a su fin.

Ahora, de lo que se trata es de construir las instituciones del nuevo orden mundial del siglo XXI, que tomen en consideración la dignidad de los pueblos, la diversidad de las culturas y el intercambio civilizado entre las naciones.

En ese contexto, la República Dominicana aspira a desempeñar un papel de mayor responsabilidad en la comunidad internacional y en los organismos multilaterales.

Esperamos a ser parte de un concierto de naciones que procura los mejores vínculos con los vecinos, promueva el multilateralismo, la integración regional y la búsqueda de la paz.

Honorables Miembros de la Asamblea Nacional:

En el año 2004 la factura petrolera ascendió en la República Dominicana a 1 mil 667 millones de dólares. Para este año 2008, se proyecta que alcance 6 mil 500 millones de dólares.

Eso es una diferencia de 5 mil 333 millones de dólares en tan sólo cuatro años, lo que equivale a decir que se ha incrementado en 400 por ciento.

En el 2004 la factura petrolera se financiaba con los recursos provenientes de las remesas familiares que ascendieron a 2 mil 230 millones de dólares y sobraba dinero.

Ahora, este año, la factura petrolera corresponde a más del doble de lo que ingresará por concepto de remesas familiares, ascendentes a 3 mil 270 millones de dólares.

En resumen, el monto proyectado de la factura petrolera de este año, representa casi el doble del monto de la deuda externa registrada al culminar nuestra primera gestión de gobierno en el año 2000.

La situación de altos precios del petróleo, de los alimentos y demás materias primas, así como el menor ritmo de crecimiento de la economía mundial, está teniendo un impacto de importancia sobre la balanza de pagos, los niveles de precios y las finanzas públicas de nuestro país.

Para encarar con éxito la situación antes descrita, estamos aplicando, en estos momentos, un conjunto de medidas de carácter fiscal y monetario, orientadas hacia el control del gasto, el mantenimiento de la confianza y la preservación de la estabilidad económica.

Ahora bien, hasta este momento, en medio de esta situación de calamidad de la economía global, ¿cuál ha sido el comportamiento de la economía dominicana?

Durante el primer semestre de este año, la tasa de crecimiento del PIB fue de 7.5 por ciento, similar al registrado para el mismo período del año pasado.

La inversión extranjera directa alcanzó el extraordinario monto de 1 mil 511 millones de dólares, lo que significa un aumento de 684 millones de dólares con respecto a igual período del año 2007.

El turismo y las remesas aportaron ingresos cercanos a los 4 mil millones de dólares.

Sólo en el sector turístico, la inversión proyectada para este año, será de l mil 896 millones de dólares; para el 2010, de 2 mil 100 millones; y para el 2011, se estima, hasta ahora, por encima de 1 mil 500 millones de dólares.

Estamos conscientes de los grandes retos y desafíos que nos aguardan durante los próximos cuatro años. Son retos desafiantes e incluso hasta intimidantes. Pero por los datos que acabo de ofrecer, todo esto no hace más que poner en evidencia la fuerza, el dinamismo y la vitalidad de la economía dominicana.

Por todo eso, al iniciar este nuevo mandato presidencial, me permito reivindicar mi proclama de fe y de confianza en el futuro de nuestra nación, para que expresemos una vez más, que en la República Dominicana, a pesar de los malos tiempos, ¡e´ pa’lante que vamos!

Durante el nuevo ejercicio gubernamental que hoy se inicia, nos disponemos ejecutar un Programa Macroeconómico de Mediano y Largo Plazo, orientado a preservar la estabilidad macroeconómica; lograr un crecimiento promedio anual del Producto Interno Bruto de por lo menos un 6 por ciento; procurar mantener la inflación en un solo digito; facilitar el financiamiento a los sectores productivos y asegurar la sostenibilidad de la deuda pública, privilegiando el gasto social en educación, salud, agua potable y vivienda.

En adición, nos proponemos mantener un superávit fiscal primario en el sector público no financiero de dos por ciento del PIB; promover un crecimiento permanente de las reservas internacionales del Banco Central hasta alcanzar el promedio de las economías de la región y contribuir con la necesaria recapitalización del Banco Central.

Con unas cuentas fiscales en superávit, un Banco Central fortalecido y unos adecuados niveles de reservas internacionales, se aumentaría la capacidad de la economía para mantener la confianza, la estabilidad macroeconómica y protegerse de eventuales nuevos choques externos.

Con respecto a la cuenta corriente, entendemos que las correcciones a ser adoptadas en el nuevo programa de gobierno permitirán que dicho déficit resulte en torno a un cuatro por ciento del PIB para el 2009 y continuar esta tendencia a la baja hasta llegar a un 2.3 por ciento del PIB en el 2012, lo cual sería consistente con los niveles históricos observados.

Daremos continuidad al programa de reformas del sector financiero y fortaleceremos la regulación y supervisión bancaria. Se introducirá de nuevo el Proyecto de Modificación de la Ley Monetaria y Financiera, y se procederá a la firma de un acuerdo de monitoreo post-ejecución del Programa Stand by con el Fondo Monetario Internacional.

En lo que respecta a la Ley para la Recapitalización del Banco Central, en el Presupuesto Suplementario, que acaba de ser aprobado, quedó establecido de manera taxativa, que el Poder Ejecutivo incluirá en el Fondo General el pago de las letras y bonos de recapitalización, y los que correspondan al 2009, con la finalidad de que al cierre de dicho ejercicio fiscal quede regularizado completamente mediante las apropiaciones presupuestarias correspondientes.

Señoras y Señores:

Nada hay tan degradante para el ser humano como el hambre. Nada tan humillante e ignominioso. Nada tan desgarrador. El hambre equivale a una sentencia de muerte. El hambre es moral y políticamente inaceptable, y por consiguiente, tiene que desaparecer de la República Dominicana y de la faz de la Tierra.

Sin embargo, en los últimos doce meses ha habido a nivel mundial una escalada alcista sin precedentes en los precios de los principales productos de la canasta familiar, que tienden a incrementar los niveles de pobreza y de hambre en el mundo.

Pero, de igual manera, ha habido un incremento drástico de los precios de los principales insumos de la producción agrícola y animal, como son fertilizantes, gasoil, maíz y soya.

Obviamente, esa situación se encuentra ligada al alza de los precios de los combustibles en los mercados internacionales. Pero también hay otros factores que lo explican, como, por ejemplo, la disminución de la oferta alimentaria por el abandono internacional que ha habido en la producción agropecuaria; los trastornos del cambio climático que ha desatado, tanto sequías prolongadas, como fuertes inundaciones; el incremento del poder adquisitivo de varios países de economía emergente, que ha modificado los patrones de alimentación de sus poblaciones; el subsidio a la producción y exportación de productos agrícolas en los países desarrollados, lo que ha generado un comercio desleal que desincentiva el desarrollo agropecuario de los países en vías de desarrollo; el cambio de orientación de una agricultura para la producción de alimentos a una agricultura para la producción de biocombustibles, sobre todo extraído de maíz; y finalmente, al igual que el petróleo, la especulación en la suscripción de contratos a futuro.

El panorama no pudiera ser más desolador. Para la República Dominicana, sin embargo, podría representar la gran oportunidad que durante años se estuvo soñando para volver a impulsar el desarrollo del sector agropecuario nacional.

Desde hace décadas nuestros productores del campo se venían quejando, con razón, de que debido a los fuertes subsidios a la producción agrícola por parte de los países desarrollados, lo que abarataba el precio de sus productos, ellos no se encontraban en condiciones de competir.

Ahora, sin embargo, al subir tanto los precios de los productos que vienen del exterior, el productor nacional se encuentra, por vez primera, con la posibilidad de hacer una sustitución competitiva de importación, al producir bienes de igual o mejor calidad que los importados y a un precio más asequible a los consumidores.

Para lograr eso, sin embargo, se requiere de un proyecto de transformación y modernización del sector agropecuario. Se requiere aumentar la productividad por tarea de tierra cultivable, reducir costos en la producción, promover el uso de las modernas tecnologías, fomentar la investigación y extensión en lo relativo al mejoramiento de semillas, uso eficiente del agua, energía y fertilizantes en las fincas, y la reducción de las pérdidas post-cosecha a través de una adecuada cadena de fríos, empaque, almacenamiento y distribución de productos.

Es sabido que el sector agropecuario necesita de fuentes de financiamiento para responder a los desafíos existentes en las nuevas condiciones del mercado. Por tales razones, estoy solicitando a las Autoridades Monetarias y Financieras someter a la Junta Monetaria que, de manera transitoria, la cartera de crédito que otorgue la banca comercial múltiple y el sector financiero en general a la agropecuaria reciba una calificación A, con la finalidad de garantizar la seguridad alimentaria en el corto plazo.

Para la garantía de la banca, se solicitará al Congreso Nacional que autorice una emisión especial de bonos por un monto de 5 mil millones de pesos que servirían de aval a los préstamos otorgados.

El Banco Agrícola de la República Dominicana pasará a ser una Corporación de Crédito Agropecuario, dirigido a la sostenibilidad de los pequeños productores. Los pasivos de terceros, o sea, las cuentas de ahorro de dicho banco, pasarán al Banco de Reservas y serán redimidas en un período de cuatro años, con los beneficios que le pertenezcan al Gobierno dominicano.

Estoy autorizando al Secretario de Estado de Hacienda a gestionar ante los Fondos de Pensiones 7 mil millones de pesos para préstamos al sector agropecuario, garantizando la tasa del mercado.

De igual manera, estoy sometiendo a la consideración del Congreso Nacional un anteproyecto de ley tendente a la creación en el país de un Sistema de Garantía Recíproca para el sector de la micro, pequeña y mediana empresa (MYPIMES), tanto rural como urbana, que tendrá como objetivo facilitar y viabilizar el acceso al crédito bancario.

Estoy sometiendo, de la misma manera, a la consideración de nuestras cámaras legislativas un Anteproyecto de Ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional, que será el marco de acción del Consejo de Seguridad Alimentaria, el cual apoyándose en el derecho humano a la alimentación, garantice lo que se tiene como universalmente válido, que es “el derecho de toda persona a tener en todo momento acceso físico, económico y social a suficientes alimentos inocuos y nutritivos, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias a fin de llevar una vida activa y sana.”

En el presupuesto del año próximo, asignaremos una partida presupuestaria para fortalecer y generalizar el Seguro Agropecuario y haremos las gestiones pertinentes para lograr facilidades crediticias para programas de financiamiento a largo plazo para dicho sector.

Para proteger aún más de la crisis a los sectores más vulnerables de la población, en el marco de la Red de Protección Social, durante los próximos cuatro años, la ampliación del Programa Solidaridad no sólo implicará un aumento de la cobertura en términos del número de beneficiarios y monto de las transferencias actuales, sino la aplicación de los siguientes programas:

Primero: Programa de Suplementos Alimenticios, con fortalecimiento de nutrientes para niños y niñas de 0 a 5 años de edad, grupo que tiende a ser el más afectado en situaciones de crisis.

Segundo: Programa Tu Compromiso, orientado a reducir la deserción escolar de los jóvenes en condiciones de pobreza.

Tercero: Programa Retorno y Permanencia a la Escuela, cuya finalidad es la de asegurar que las madres adolescentes embarazadas entre 13 y 18 años de edad puedan continuar sus estudios.

Cuarto: Ampliación de la cobertura del Programa de Protección a la Persona Envejeciente en Pobreza Extrema (PROVEE), en un 50 por ciento con relación a la vigente en el 2008, lo que implica incorporar 25 mil nuevos adultos mayores; y

Quinto: Programa de Transferencia para indigentes en discapacidad;

Finalmente, con el propósito de promover oportunidades de empleo para los más desvalidos, se procederá al establecimiento de agencias de microcrédito, lo que les permitirá pequeñas inversiones para instalar, poner en marcha y desarrollar, una pequeña actividad económica, con lo que se fomentará la creación de empleos y el mejoramiento del nivel de ingresos de los beneficiarios.

Así, con ese conjunto de medidas, el Gobierno que hoy nace reitera su voluntad y su compromiso con los sectores más pobres de nuestra población, para que puedan desarrollar una vida digna, justa y honorable, como se lo merecen.

Ahora bien, Señoras y Señores, la República Dominicana, como nación, tiene que mirar más allá de la crisis. Tiene que plantearse objetivos estratégicos de mediano y largo plazo que garanticen la continuidad de su proceso de modernización y desarrollo, que sea social y territorialmente incluyente y compatible con la naturaleza.

Al reflexionar sobre estos aspectos, partimos de la premisa de que hacia la década de los años 80, la República Dominicana inició un proceso de transformación de una economía que había sido esencialmente exportadora de azúcar, café, tabaco y cacao, hacia un nuevo modelo de desarrollo, fundamentado en las áreas de zonas francas, turismo, remesas, telecomunicaciones y servicios financieros.

Durante más de 25 años ese modelo ha resultado exitoso, y nuestro país ha sido objeto de reconocimientos y elogios internacionales por los logros alcanzados a lo largo de esos años.

Pero ocurre que al tiempo que los sectores antes mencionados se iban desarrollando, los sectores tradicionales de la industria local y la agropecuaria, es decir, lo que constituye nuestro sector productivo, se iba rezagando.

Los principales efectos de ese rezago han sido la migración del campo hacia las ciudades, la creación de una marginalidad social y de una pobreza urbana, así como el refugio de esa población en actividades económicas informales.

Como desafortunadamente hemos podido comprobar, algunos sectores vinculados a la producción global han contribuido a crear una falsa apreciación del concepto de competitividad, el cual parecería entenderse como reducción de costos en la producción mediante el pago de bajos salarios.

Eso es lo que ha ocurrido, en los últimos años, con el área de textiles de las zonas francas de Centroamérica y el Caribe, las cuales se han visto desplazadas por el surgimiento de una competencia feroz en Asia que depende esencialmente de bajos salarios.

Esa es otra de la perfidia y de la injusticia que tiene el actual sistema económico global, pues pone a las naciones y a las empresas a competir entre sí, sobre la base de quien paga menor salario a sus trabajadores.

Eso es inaceptable en este siglo XXI. Eso también tiene que cambiar. Para lograrlo proponemos que en lugar de una competitividad fundamentada en una mano de obra barata y poco calificada, debemos promover una competitividad cimentada en la producción de bienes y servicios que tengan mayor valor agregado, mediante la incorporación de la innovación y la tecnología y el desarrollo de respuestas ágiles y flexibles a las cambiantes demandas de los mercados.

Todo eso, supone, pues, un ajuste a nuestro actual modelo de desarrollo. Supone la incorporación de nuestros sectores productivos a una Estrategia Nacional de Competitividad que nos permita aprovechar el acceso a los mercados globales alcanzado con la suscripción de acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos, Centroamérica y Europa.

Eso también va a requerir, por supuesto, de trabajadores capacitados para asimilar nuevos procesos, de empresarios innovadores, dispuestos a enfrentar el desafío de reorganizar sus procesos productivos y de un Gobierno, como estamos dispuestos a hacerlo, que brinde el apoyo requerido para esa reestructuración productiva.

Como habrán podido Uds. advertir, no es que estemos opuestos a la globalización. Este es un fenómeno irreversible, característico del sistema económico transnacional e interdependiente que hoy predomina en el mundo. Lo que abogamos es que sea una globalización justa y solidaria.

La Estrategia Nacional de Competitividad fomentará la creación del Sistema Nacional de Innovación y Desarrollo Tecnológico, que dará lugar a la formación de una red de incubadoras de empresas; promoverá un programa de competitividad de la mediana, pequeña y microempresa y desarrollará los clusters de agronegocios, textiles, confecciones, calzado y construcción.

En el sector turístico debemos proponernos superar, sin pretender desestimarlo, la modalidad del paquete todo incluido, para de esa manera atraer turistas que estén dispuestos a pagar servicios de mayor calidad.

Debemos diversificar la oferta turística y en lugar de playa, sol y arena, que al fin y al cabo es lo que también tienen nuestros competidores, podamos desarrollar el turismo de montañas, de aventuras, de cruceros, de deportes, etc., como ya sé estamos realizando.

Debemos integrar el turismo al desarrollo de las comunidades, para que los beneficios del mismo sean más extendidos. Debemos seguir ampliando toda la infraestructura necesaria para la consolidación de los distintos polos y disponer de un ordenamiento territorial adecuado. Debemos continuar nuestros actuales niveles de promoción y desarrollar una marca país que sirva de difusión de la imagen de la República Dominicana. Debemos estar siempre atentos a eventuales problemas de salubridad y proveer seguridad pública. Debemos, finalmente, prestarle atención, mucha atención, a la formación de nuestros recursos humanos, porque una estrategia exitosa de competitividad nacional siempre va a requerir de una política de calidad total.

¡Esa es la República Dominicana a que aspiramos! Una República Dominicana moderna, en permanente progreso, con capacidad exportadora, integrada a los flujos internacionales de bienes y servicios, y proveyendo bienestar a todos sus ciudadanos.

Obviamente, no podemos alcanzar los sueños y las aspiraciones de una República Dominicana moderna y próspera si no logramos resolver, de manera definitiva, los problemas del sector eléctrico nacional.

En la actualidad, el sector se ve severamente afectado por los altos costos de generación, debido al incremento de los precios de los combustibles en los mercados internacionales.

Ese aumento desmesurado en los precios de los combustibles ha dejado fuera de operación cientos de megavatios en turbinas a gas, cuyos costos de producción resultan muy elevados y ha limitado de manera considerable la capacidad de generación de una serie de plantas térmicas, debido a su baja confiabilidad y eficiencia.

Pero además, la demanda de energía ha seguido creciendo en la misma proporción en que ha ido creciendo nuestra economía.

Todo eso lo que indica es que para evitar desabastecimiento en el futuro, se hace impostergable aumentar la capacidad de generación, para que esta resulte más confiable y a costo más económico.

Durante los últimos dos años se ha venido trabajando con el sector privado para instalar y operar dos centrales a carbón mineral de 600 megavatios cada una; y en lo que respecta a la conversión de Cogentrix, los propietarios de esta Central han llegado a un acuerdo con la Empresa AES Dominicana y con CDEEE, para iniciar la obra del gasoducto el próximo mes de septiembre, a los fines de convertirla al uso de gas natural en lugar de gasoil.

Esta medida nos permitirá disponer de 300 megavatios de uso continuo, en lugar de la operación temporal actual. En otras palabras, dispondremos de una mayor cantidad de energía a más bajo precio.

Así mismo, el gobierno está construyendo cerca de 300 megavatios en plantas hidroeléctricas, como Pinalito, Palomino, Las Placetas, Magueyal, Las Barias, Pryn Brazo Derecho, Artibonito y la expansión de Hatillo.

Un conjunto de proyectos de energía eólica de más de 700 megavatios está siendo analizado con miras a su implementación aprovechando las facilidades contempladas dentro de la Ley de Incentivos de Energía Renovable número 57-07.

El Gobierno dedicará todo su esfuerzo para completar la Autopista Eléctrica Santo Domingo-Santiago a 345 mil voltios, cuya construcción está avanzada.

Otros proyectos de transmisión a 345 mil voltios, como las Líneas Pepillo Salcedo-Santiago, semi anillo Santo Domingo y Hatillo-Julio Sauri, también serán construidos y puestos en operación dentro del período gubernamental que hoy se inicia.

De igual manera, serán construidos varios proyectos de líneas de transmisión y subestaciones asociadas a 138 mil voltios.

En materia de ahorro de energía, importantes medidas están siendo ejecutadas, como es el caso de la sustitución de diez millones de bombillas incandescentes, por bombillas fluorescentes de bajo consumo.

Esta medida permitirá a los consumidores pagar 2 mil millones de pesos menos en facturas de energía por año, sin disminuir la calidad del servicio.

Del mismo modo, las Empresas Distribuidoras podrán disminuir sus compras de energía en por lo menos 2 mil 500 millones de pesos al año y la demanda máxima de potencia del sistema se reducirá en alrededor de 170 megavatios, lo que equivale virtualmente a una planta de tamaño mediano.

Se ha avanzado en el aspecto institucional promulgando la Ley de Incentivo a la Energía Renovable con su respectivo reglamento de aplicación, así como la ley donde se establece la criminalización del fraude eléctrico.

Como puede observarse, a pesar de las dificultades creadas por el incremento de los precios de los combustibles y la continuidad del denominado Acuerdo de Madrid, el Gobierno se mantiene siempre activo en la búsqueda de soluciones a este angustioso y mortificante problema del sector eléctrico nacional.

Ahora bien, la reestructuración productiva es sólo un pilar del nuevo modelo de desarrollo hacia el cual debe transitar el futuro de la República Dominicana. Para que éste sea realmente efectivo y contribuya a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, debe incorporar entre sus objetivos el desarrollo de nuestro capital humano y de nuestras instituciones democráticas.

El futuro de una nación descansa en su juventud. Son los jóvenes los que tienen el entusiasmo, la energía y el talento para crear, innovar y transformar.

Bill Gates tenía menos de treinta años de edad cuando formó la empresa Microsoft, que ha contribuido a cambiar el mundo mediante la aplicación de sus productos de software.

Seryey Brin, el joven ruso que emigró hacia los Estados Unidos, estaba en sus veinte cuando ya estaba formando, junto a otros colegas, la empresa Google, que ha creado unos sistemas de metadata, de la que dependen millones de personas en el mundo para la búsqueda de información por Internet.

Finalmente, están unos jovenzuelos, entre 18 y 19 años de edad, que tuvieron la visión y la iniciativa de crear la página de YouTube, la cual ha revolucionado el mundo de los medios de comunicación, y que acaban de vender por más de un billón de dólares.

Juan Pablo Duarte, nuestro Padre de la Patria, sólo tenía 25 años de edad cuando fundó la República Dominicana.

El futuro pertenece a los jóvenes. Pero para que puedan cristalizar sus sueños, tienen que cultivar desde la niñez su intelecto, su creatividad, su capacidad de observación, su curiosidad y su espíritu de innovación, a través de un sistema educativo que sea equitativo y de calidad.

En nuestro país, constituye un imperativo el fortalecimiento del sistema educativo nacional. En tal virtud, nos proponemos lograr un aumento progresivo y sostenido de la inversión en educación, al tiempo de seguir ampliando la cobertura escolar y de reducir la sobreedad, la deserción y la repitencia.

Revisaremos de manera integral el currículo vigente para todos los niveles y modalidades y fortaleceremos el programa de lectura, escritura y matemática que se desarrolla en el primer ciclo del nivel básico.

Ampliaremos el Programa de Bachillerato Acelerado para Adultos y los programas de nivelación y aceleración de aprendizaje.

De igual manera, incrementaremos el número de Centros de Excelencia del Nivel Medio y expandiremos la cobertura de los TEVECENTROS.

Impulsaremos el programa de bachillerato por Internet (Bachinet) y elevaremos la oferta de educación técnico profesional.

Incrementaremos a dos millones de estudiantes el número de raciones del programa de Alimentación Escolar y continuaremos entregando en forma gratuita los libros de texto a toda la población estudiantil del sector público.

Dedicaremos especial atención a la infraestructura escolar y continuaremos trabajando, de manera infatigable, en la reducción de la brecha digital.

En materia de educación superior, hay un conjunto de programas e iniciativas, entre los cuales hay que destacar el programa de becas nacionales e internacionales y el programa Tarjeta Joven Universitaria, para favorecer a jóvenes con talento que requieran de apoyo para la realización de sus estudios.

Se promoverá el área de ciencias básicas e innovación más desarrollo en salud y biomedicina; medio ambiente y recursos naturales; biotecnología y recursos genéticos; producción sostenible y seguridad alimentaria; desarrollo de materiales; desarrollo de software, de energía y biocombustibles.

Se tomarán iniciativas para promover la dignidad de los maestros.

Al colocar la nación el futuro de nuestros niños y de nuestros jóvenes en las manos de nuestros maestros, nos sentimos comprometidos a mejorar sus condiciones de vida, a elevar su nivel profesional, a apoyar su formación continua y a dotarles de los medios adecuados para llevar a cabo su venerable y respetada tarea con el éxito esperado por todos.

Para nosotros seguirá siendo siempre válida la consigna de “República Dominicana despierta, que llegó la hora de la escuela. ’’

Pero, además, estaremos impulsando las áreas de enseñanza de las escuelas de Bellas Artes, fundamentalmente, música, pintura, teatro y danza.

Continuaremos con los talleres literarios por todo el país, con la promoción de la industria del cine y con el fortalecimiento de los Consejos Provinciales de Cultura.

De igual manera, impulsaremos políticas para incorporar al máximo de la población a la práctica deportiva y recreativa, a través de programas de iniciación deportiva para adultos, envejecientes y discapacitados.

En el área de deporte de competición y alto rendimiento, se hará una selección de talentos deportivos a gran escala en todas las provincias y municipios del país, y en materia de infraestructura deportiva, nos comprometemos a culminar la construcción de todos los polideportivos a nivel nacional.

Esperamos que con este apoyo, nuestros deportistas se comprometan con el país a aumentar, de manera significativa, el número de medallas en los próximos Juegos Olímpicos del año 2012.

Al igual que Uds., estoy seguro que así será.

Nada de cuanto he dicho, sin embargo, puede llevarse a cabo sin un buen sistema de salud y seguridad social.

En ese campo, el objetivo esencial es el de prolongar y mantener la calidad de vida. Para eso, estamos cambiando el paradigma o modelo de funcionamiento del sector salud, de uno tradicional, de carácter curativo, a uno moderno, de naturaleza preventiva.

Durante los próximos cuatro años, nos proponemos en el sector salud desarrollar un primer nivel de atención de alta capacidad resolutiva para responder a las primeras necesidades presentadas por los pacientes.

Se creará la Red Pública Única, que consistirá en la integración de todos los hospitales y centros de salud públicos en un esquema regional, de carácter descentralizado y autónomo, la cual mejorará la eficiencia y calidad de los servicios públicos de salud.

Se utilizará la Receta Única para la dispensación de medicamentos en la red. Se fortalecerán y ampliarán las Farmacias del Pueblo y la cartera de medicamentos que ofrecen.

Durante la gestión de gobierno que hoy se inicia, nos proponemos reducir la tasa de mortalidad materna a 80 por 100 mil nacidos vivos; y disminuir la mortalidad infantil a 25 por mil nacidos vivos.

De igual manera, constituyen metas a ser alcanzadas, el lograr una cobertura de inmunización de 90 por ciento en todos los municipios del país, así como emprender acciones para el control de la malaria, el dengue, la rabia, la tuberculosis y el VIH-Sida.

Para el 2012, nuestro objetivo es el de alcanzar la consolidación del Sistema de Seguridad Social en el ámbito de salud, pensiones y riesgos laborales, convirtiéndolo en el pilar fundamental del sistema de protección social en el país.

Ahora bien, compartimos el criterio de que el bienestar humano sólo puede alcanzarse a plenitud en un medio ambiente sano.

Nos preocupa que la importante diversidad biológica dominicana se encuentre amenazada por la pérdida de la cubierta vegetal y la disminución de la productividad del sistema natural, la sobreexplotación de los recursos naturales, la fuga de recursos genéticos, y la erosión de los recursos costeros y marinos.

Para enfrentar con eficacia esa situación, resulta imprescindible reformular la Política Nacional de Medio Ambiente y Recursos Naturales para el Desarrollo Sostenible, razón por la cual promoveremos la aprobación de las leyes sectoriales y especiales sobre ordenamiento territorial, bosque, agua, biodiversidad, seguridad de la biotecnología, manejo de residuos sólidos, espacios costeros y marinos y la reforma de la ley de áreas protegidas.

Con la puesta en ejecución de estas iniciativas, aspiramos a la sostenibilidad del desarrollo de la República Dominicana; a vivir en armonía con la naturaleza; a dejar como legado para las futuras generaciones nuestro actual tesoro ecológico; y a establecer nuestro compromiso con la preservación de la Tierra como nuestro hogar común y la supervivencia de la especie humana.

Esas serán nuestras más grandes responsabilidades del siglo XXI.

Señores Miembros de la Asamblea Nacional. Distinguidas Personalidades:

El desarrollo de un país está en relación directa con el avance de sus infraestructuras.

Durante las últimas décadas la República Dominicana, en este aspecto, ha progresado de manera impresionante y extraordinaria.

Sin embargo, para acelerar su marcha hacia la modernidad, es preciso definir un conjunto de proyectos que garanticen la transformación continua de nuestra sociedad.

Es por esta razón que no puedo pasar por alto la oportunidad de compartir con ustedes la presentación de los que serán algunos de nuestros proyectos de desarrollo de infraestructura durante los próximos cuatro años.

En tal sentido, nos proponemos concluir la Construcción del Bulevar Turístico del Este; el Plan Nacional de Asfaltado; el Puente sobre el Río Soco; la Carretera Sabana de la Mar-Miches; la Carretera Bayaguana-El Puerto-Hato Mayor; las Carreteras Constanza-Duarte-Casabito y Jarabacoa-El Río-Constanza.

En el Distrito Nacional, daremos solución a los grandes entaponamientos que se generan en la dirección Norte-Sur.

Para dar respuesta a esa problemática, construiremos un viaducto en la Ave. Luperón y un túnel en la 27 de Febrero, entre la Caonabo y la Autopista 6 de Noviembre; un elevado, túnel y rotonda en las Avenidas 27 de Febrero con Núñez de Cáceres; 27 de Febrero con Dr. Defilló; y 27 de Febrero con Ortega y Gasset.

Concluiremos la prolongación de la Ave. del Puerto, Francisco Alberto Caamaño Deñó, hasta el Puente Presidente Peynado.

Construiremos el Corredor Duarte, conformado por la construcción del elevado de la Ave. Monumental, el elevado de Manoguayabo, el elevado de la Núñez de Cáceres-Teleantillas, el elevado de la Padre Castellanos (antigua 17); la construcción de dos puentes paralelos al Puente de la 17 y el elevado de la Ave. San Vicente de Paul hasta Las Américas.

La construcción de esta obra permitirá incrementar la velocidad de 25 a 60 km/hora, logrando ahorro en combustible y tiempo a los usuarios, y garantizando al gran Santo Domingo una solución integradora.

En la Provincia de Santiago, también daremos solución a la problemática del tránsito en la dirección Norte-Sur, y para ello, vamos a prolongar y ampliar la calle Sabana Larga hasta el antiguo Aeropuerto Cibao.

Conectaremos la Ave. Duarte con la Ave. Francia. Enlazaremos con un puente la Calle Hatuey con la Calle Enriquillo, y construiremos pasos a desnivel en la Circunvalación Sur.

De igual manera, se construirá una vía lateral en Cabarete, Provincia Puerto Plata. Construiremos el Malecón de Nagua, el Malecón de San Pedro de Macorís y rehabilitaremos el Puerto de Manzanillo y el muelle de San Pedro de Macorís.

Terminaremos la Autopista San Cristóbal-Baní. Construiremos las circunvalaciones de Baní, Azua y San Juan de la Maguana, y se concluirá la carretera San Juan-Batey II-Barahona.

Este gobierno que hoy se inicia, hará una gran alianza con el sector privado, bajo el modelo de asociación público-privada, para construir grandes proyectos de infraestructura fundamentales para nuestro desarrollo.

Es en base a ese modelo que pretendemos construir la segunda línea del Metro de Santo Domingo y el tren de carga y pasajeros desde el Puerto de Haina hasta la ciudad de Santiago.

Asimismo, con este modelo, nos proponemos construir el Sistema de Túneles de Sans Souci para agilizar el tránsito Este-Oeste, el cual conectará la Ave. George Washington con la Ave. España, por debajo del Río Ozama.

Terminaremos La Autovía del Este y construiremos la Autopista del Coral desde La Romana hasta Bávaro.

Pondremos en marcha el Proyecto VIADOM, para rehabilitar las principales carreteras del Norte y Sur del país, lo que permitirá, además, terminar la Circunvalación Norte de Santiago, ampliar a cuatro carriles desde Navarrete hasta Puerto Plata y extender, también, a cuatro carriles desde Controba hasta San Francisco de Macorís.

Para realizar estas alianzas entre el gobierno y el sector privado, es necesario un marco legal que haga posible esta sinergia tan importante para el desarrollo de las naciones; y por eso, hoy sometemos nuevamente al Congreso Nacional el Anteproyecto de Ley General de Asociación Público-Privada, el cual permitirá la regulación de la inversión en obras de carácter público.

Una de las grandes prioridades asumidas por la presente administración, fue la construcción de los Centros Universitarios Regionales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Nos comprometimos a edificar ocho centros universitarios regionales, así como la construcción y reparación de las distintas facultades de la sede central.

Ya hemos inaugurado cuatro de los referidos centros, y nos proponemos en los próximos meses a hacer entrega del Centro Universitario Regional de Bonao, del Centro Universitario Regional Suroeste (CURSO), ubicado en la provincia de Barahona; del Centro Universitario Regional Oeste (CURO), ubicado en el municipio de San Juan de la Maguana; y del Centro Universitario Regional de Mao.

A partir del próximo año iniciaremos la construcción de los edificios de aulas de la UASD en la Provincia de San Pedro de Macorís.

En la sede central terminaremos el nuevo Comedor Universitario con capacidad para 10 mil 860 personas por día; la Torre Administrativa; el Edificio de Parqueos; el Edificio de Investigación, Desarrollo e Innovación, que será una de las obras de mayor trascendencia científico-tecnológica del país.

En esta edificación, instalaremos laboratorios de alta tecnología: laboratorios de farmacéutica, de tecnología de alimentos, de biotecnología, de robótica, mecatrónica, simulación y de energía y medio ambiente.

Además, serán remodeladas las facultades de Ingeniería y Arquitectura, Ciencias, Derecho, Medicina, Humanidades y Odontología.

Así mismo, concluiremos en este periodo, las instalaciones del Instituto Técnico Superior Comunitario y los Centros Tecnológicos Comunitarios (CTC); y apoyaremos al Instituto Nacional de Formación Técnico-Profesional (INFOTEP) en la construcción del Centro de Apoyo a la Competitividad y Productividad Empresarial.

En este próximo gobierno, como puede apreciarse, pondremos todo el empeño para que los estudiantes provenientes de familias de bajos ingresos puedan estudiar en una universidad pública que ofrezca las mismas condiciones de avance científico y modernidad que las más avanzadas de la región.

Creemos que sólo así se hace Patria.

El próximo Gobierno se propone construir, ampliar y reparar más de 16 mil aulas, instalar más de 600 laboratorios de informática para nivel básico y cerca de 250 de ciencia e informática para el nivel medio.

El programa de obras iniciado por esta administración, el cual nos proponemos concluir durante los próximos cuatro años, concedió particular importancia a la construcción, remodelación y rescate de los monumentos históricos y centros culturales del país.

Durante los próximos días, inauguraremos el Centro Cívico Cultural del Club Mauricio Báez, una impresionante obra para la promoción de la educación y la cultura en el corazón del Barrio de Villa Juana.

En estos momentos avanzamos en la ampliación y reconstrucción de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña en la Plaza de la Cultura; del Archivo General de la Nación, guardián de la memoria histórica del pueblo dominicano, y en el próximo mes de septiembre, inauguraremos el emblemático Palacio de Bellas Artes de Santo Domingo.

En nuestra agenda de los próximos cuatro años, daremos prioridad a la remodelación de la Plaza de la Cultura, en Santo Domingo, así como a la construcción de varias ciudades culturales en las provincias del país, cuyo modelo iniciamos en la provincia de La Vega, con la Ciudad Cultural Profesor Juan Bosch.

Durante la próxima gestión de gobierno, el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte se convertirá en un verdadero centro de recreación para la familia.

Vamos a remodelar, ampliar y reconstruir todas las edificaciones existentes, y construiremos además, un parque temático infantil, un centro de convenciones y parque ferial con capacidad para 50 mil personas; y estacionamientos soterrados para 3 mil 500 vehículos.

El hoy Palacio de los Deportes, será convertido en la Arena Metropolitana de Santo Domingo Virgilio Travieso Soto, con todas las comodidades y características para celebrar actividades deportivas, artísticas y culturales de clase mundial.

Hemos planificado construir 10 mil nuevas viviendas distribuidas en todo el territorio nacional, y mejorar más de 200 mil a familias pobres en comunidades y barrios de las principales provincias del país.

En el ámbito de la Salud Pública, terminaremos y equiparemos los distintos subcentros de salud que se construyen en el país. Terminaremos la Ciudad de la Salud, un complejo hospitalario conformado por un Hospital General y de Especialidades, un Hospital Materno-Infantil, un Hospital Pediátrico, un Hospital Traumatológico y el Centro Logístico de Distribución de Medicamentos.

Con este complejo hospitalario, serán incorporadas 1 mil 080 nuevas camas al sistema nacional de salud.

Nos proponemos, en adición, construir varios centros hospitalarios regionales, que al mismo tiempo sirvan como hospitales docentes para las universidades en las distintas regiones a nivel nacional.

Ampliaremos el Hospital Marcelino Vélez Santana y concluiremos el Centro Comprensivo de Cáncer Dr. Heriberto Pieter en la ciudad de Santo Domingo.

En el ámbito de la Reforma Integral del Sistema Penitenciario, construiremos siete centros con capacidad para 12 mil 800 internos, ubicados estratégicamente en distintos puntos del territorio nacional.

Como forma de disminuir los efectos de la crisis alimentaria y lograr que los ciudadanos tengan acceso a productos de buena calidad, en condiciones adecuadas y a bajo precio, construiremos la Red Nacional Alimentaria (RENA), que consiste en la construcción de mercados mayoristas ubicados en Santo Domingo, Santiago, Azua y La Altagracia, y de mercados minoristas, distribuidos en los principales municipios de las provincias del interior.

El próximo gobierno centrará su atención en el suministro de agua potable para una población creciente. Por consiguiente, la construcción de acueductos continuará siendo prioritaria en la agenda de desarrollo nacional.

En ese sentido, concluiremos en el próximo periodo de gobierno el Acueducto de Higuey, el Acueducto Múltiple de Nagua, el Acueducto de Baní y el Acueducto Múltiple de Samaná.

Ampliaremos el Acueducto de San Cristóbal, y en La Romana, extenderemos el acueducto de ese municipio y el de Villa Hermosa, y construiremos otros pequeños acueductos en distintas comunidades.

Estas inversiones beneficiarán a mas de un millón 900 mil personas.

De igual manera, para proveer de agua suficiente en el mediano y largo plazo a la ciudad de Santo Domingo, construiremos una obra de abastecimiento de agua sobre el río Haina y se ampliará la capacidad de producción del proyecto Barrera de Salinidad.

Con la realización de estos proyectos, se logrará incrementar la capacidad de suministro de agua en 294 millones de galones diarios, suficientes para dotar del preciado líquido durante más de 15 años a la Ciudad de Santo Domingo.

El Gobierno construirá la presa de Monte Grande que suplirá de agua al Acueducto Regional del Suroeste, al tiempo que servirá para controlar las inundaciones que cada año afectan a más de medio millón de habitantes de Tamayo, Jimaní y otros municipios de la provincia de Barahona.

Así mismo, concluiremos la construcción de la presa de Guaiguí en la provincia de La Vega, lo que permitirá que más de 90 mil tareas de tierra tengan suministro de agua seguro para riego, y se puedan mitigar las crecidas del río Yuna, que tantas dificultades han provocado en las comunidades aledañas.

Por el conjunto y la diversidad de obras a realizarse durante los próximos cuatro años, es evidente que el gobierno que hoy se inicia no tendrá descanso ni para respirar en su tarea de transformación de la sociedad dominicana.

¡Que bueno que así sea!

Señoras y Señores:

En la República Dominicana anhelamos la realización de una Revolución Democrática. Esa revolución consiste en la construcción de un Estado moderno, transparente, con equidad de género y eficiente, al servicio de los ciudadanos.

Para lograrlo, hemos impulsado durante los últimos cuatro años una de las reformas más profundas de la historia nacional en el área de la administración pública.

Hemos elaborado una nueva Ley de Presupuesto; una Ley de Contraloría General de la República; una Ley de Tesorería; una Ley de Contabilidad Gubernamental; una Ley de Crédito Público; y una Ley de Compras y Contrataciones.

Se ha creado una Secretaría de Estado de Economía, Planificación y Desarrollo, a partir del antiguo Secretariado Técnico de la Presidencia, y una nueva Secretaría de Estado de Hacienda, en sustitución de la Secretaría de Estado de Finanzas.

La Dirección General de Impuestos Internos y la Dirección General de Aduanas tienen ahora autonomía funcional, administrativa, técnica y presupuestaria.

Esas reformas se han hecho tomando en consideración las mejores prácticas internacionales y las condiciones particulares de nuestra economía, y en poco tiempo han contribuido a institucionalizar el manejo de las finanzas públicas del país.

La Ley de Función Pública introduce transformaciones importantes en lo relativo al acceso, permanencia y ascenso, en base al mérito, de los servidores públicos; y la nueva Ley Municipal, la cual promueve mecanismos de descentralización y participación en la construcción del desarrollo local.

Todas esas reformas resultarían irrelevantes, sin embargo, si al mismo tiempo no logramos prevenir, perseguir y castigar esa hidra de siete cabezas que erosiona la credibilidad y legitimidad del sistema político democrático: la corrupción.

Reafirmo aquí, en estos momentos, mi compromiso de desplegar todos los esfuerzos necesarios para llevar a cabo la ejecución del Plan Estratégico Nacional de Ética, Prevención y Sanción de la Corrupción. El compromiso para que ningún acto comprobado de corrupción quede impune en la República Dominicana, ni para que ninguna acción dolosa o fraudulenta, en perjuicio del interés nacional, quede sin ser ejemplarmente sancionada.

Pero al igual que una política de tolerancia cero frente a la corrupción, en nuestro país se requiere, fundamentalmente, de una Revolución Moral, que establezca como Norte el sentido de la ética, la integridad y la transparencia.

Una Revolución Moral que instaure como principio el criterio de que no puede haber mayor riqueza en el mundo que el sentido del honor y la satisfacción del deber cumplido.

Un gigante del pensamiento universal, Aristóteles, con su clásica sabiduría, llegó a sentenciar que: “Somos lo que hacemos cada día. De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito”.

En febrero de 2005, nuestro Gobierno lanzó el Plan de Seguridad Democrática como una respuesta integral para enfrentar el problema de la criminalidad, a través del Programa Barrio Seguro, y de una serie de reformas para profesionalizar y fortalecer la Policía Nacional y la Procuraduría General de la República.

Si bien hemos logrado avances importantes, nuestro progreso aún no ha sido suficiente para combatir las fuerzas criminales transnacionales que cuentan con grandes recursos y vínculos locales.

Los hechos recientes de violencia acaecidos en el país, han generado una gran consternación y constituyen una voz de alerta de que bajo ninguna circunstancia debemos decaer en el combate a las drogas y a la criminalidad

Asimismo, el Gobierno dominicano reitera su compromiso de aplicar con energía todas las medidas requeridas para impedir la producción, distribución, tráfico y consumo de drogas ilícitas en nuestro territorio nacional; de frenar la utilización del sistema económico y financiero para el lavado de activos y de reprimir toda acción delictiva que ponga en riesgo la seguridad de la ciudadanía.

En los próximos días estaré convocando de nuevo al Consejo de Seguridad Democrática para tomar nuevas medidas en una alianza con distintos sectores de la sociedad para reforzar la seguridad de nuestros ciudadanos.

Los capos de la droga y del crimen, pues, que escuchen bien, porque aquí, en la República Dominicana: ¡no pasarán!

Son múltiples las reformas que aún están pendientes de realizarse para consolidar nuestra democracia y mejorar la calidad de nuestro sistema político.

En el ambiente nacional, por de pronto, se percibe una especie de fatiga electoral. Son cada vez más las voces que reclaman la unificación de las elecciones presidenciales, congresionales y municipales para el mismo año.

Se requiere de un diálogo social permanente que incluya a las fuerzas políticas y a los distintos sectores de la vida nacional, para promover la gran unidad que permita la protección de la República Dominicana de todas las fuerzas adversas que puedan obstruir su marcha hacia el progreso.

Nos comprometemos, en todo momento, a ser promotores de ese gran consenso nacional necesario, para dentro de un marco democrático, garantizar el desarrollo integral de la sociedad dominicana.

Apelamos a ese consenso de las distintas fuerzas políticas nacionales para la aprobación de una reforma al sistema electoral vigente y de una Ley de Partidos Políticos que garantice la democracia interna, la participación y la transparencia de las organizaciones partidarias.

Apelamos también a ese pacto entre los distintos sectores políticos del país para debatir y aprobar el Proyecto de Reforma Constitucional, que luego de una masiva, democrática y entusiasta Consulta Popular, tendré el honor de someter, durante los próximos días, por ante nuestras cámaras legislativas.

Aprovecho, pues, el escenario de esta Augusta Asamblea para invitar formalmente a los representantes de las distintas fuerzas políticas para que dejando de lado nuestras naturales discrepancias políticas, coloquemos el interés nacional y patriótico como nuestro estandarte, y entre todos, hagamos realidad el sueño de una Revolución Democrática en la República Dominicana.

Este sueño de una Revolución Democrática en la República Dominicana no tiene fronteras. Se hace extensivo a nuestros compatriotas en el exterior, que tanto luchan y se sacrifican por el bienestar de sus familias y de toda la sociedad dominicana.

A ellos, a quienes tanto apreciamos y valoramos, les hacemos partícipes de todo este proceso de cambios y transformaciones por el que debe transitar la República Dominicana.

Estoy convencido de que al formular esta invitación de diálogo a las fuerzas vivas del país, no hago más que recoger los más profundos sentimientos de nuestro pueblo, que lo único que realmente desea es paz, progreso y bienestar.

Sé también que estoy interpretando el pensamiento genuinamente democrático de nuestros Padres Fundadores, de Duarte, Sánchez y Mella, y del paladín de la epopeya Restauradora, Gregorio Luperón.

Señoras y Señores.

La lucha por la construcción de una Revolución Democrática en el Siglo XXI en la República Dominicana, es y será, una lucha contra el hambre, una lucha contra la pobreza, una lucha contra la ignorancia, una lucha contra la corrupción y una lucha contra el crimen y las drogas.

Al iniciar este nuevo período presidencial, en medio de tantas adversidades e incertidumbres en el mundo, pido a Dios que no sólo me brinde la sabiduría de Salomón, sino la valentía de David y la paciencia de Job, para conducir a nuestro país por senderos de libertad, progreso y justicia social.

¡Que vivan los héroes de la Independencia y la Restauración!

¡Que Viva la República Dominicana!

Wednesday, February 27, 2008

Discurso ante la Asamblea Nacional, 27 de Febrero 2008


Honorable Señor Presidente de la Asamblea Nacional, Dr. Reynaldo Pared Pérez;

Honorable Señor Vicepresidente de la República, Dr. Rafael Alburquerque;

Distinguida Primera Dama de la República, Dra. Margarita Cedeño de Fernández;

Honorable Señor Presidente de la Cámara de Diputados, Dr. Julio César Valentín;

Honorables Miembros de la Asamblea Nacional;

Honorables Señores Secretarios de Estado;

Honorable Señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Dr. Jorge Subero Isa;

Honorable Señor Presidente de la Junta Central Electoral, Dr. Julio César Castaños Guzmán;

Honorable Señor Presidente de la Cámara de Cuentas, Lic. Andrés Terrero;

Honorables Miembros del Cuerpo Diplomático y Consular;

Su Eminencia Reverendísima, Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez;

Ilustres Personalidades;

Señoras y Señores:

Comparezco por cuarta y última vez, durante este período de gobierno, a depositar por ante esta Augusta Asamblea las memorias de las distintas instituciones del Estado, correspondientes al año 2007, así como a presentar formal rendición de cuentas ante la Nación.

No puedo ocultar ante Uds. la sorpresa que me produce la celeridad con que el tiempo ha transcurrido. Parece como si hubiese sido ayer que me presentaba ante esta misma Asamblea para tomar el juramento de posesión.

Reconozco, sin embargo, el sentido de relatividad que tiene el paso de los años, lo cual parece reforzar la frase, según la cual, cuando se está en el poder el tiempo luce corto, mientras cuando se está en la oposición parece una eternidad.

Lo primero que debo empezar por decir es que ahora, al iniciarse este año 2008, ha concluido la octava y última revisión del Acuerdo Stand-By de la República Dominicana con el Fondo Monetario Internacional.

Según el informe emitido por el Directorio Ejecutivo de ese organismo internacional, a propósito de la conclusión del referido acuerdo, se indica que:

“La recuperación de la República Dominicana luego de la crisis financiera del 2002-2004 ha sido impresionante. Las autoridades deben ser elogiadas por sus prudentes políticas macroeconómicas y financieras…que han ayudado a restaurar la confianza y a propagar un fuerte crecimiento económico, inflación de un solo dígito, coeficientes de deudas reducidos, una posición externa robusta y un sector financiero fortalecido… La perspectiva a mediano plazo es positiva y se ha visto fortalecida con la activación de los acuerdos de libre comercio…La continuidad de la aplicación de políticas macroeconómicas y financieras prudentes, combinadas con un marco estructural fortalecido y los nuevos acuerdos comerciales, deben ayudar al país a alcanzar su potencial de crecimiento a largo plazo…”

Esas palabras del Directorio Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional equivalen a dar de alta al paciente de la economía dominicana que bajo signos de cuidados intensivos había sido internado, a finales del año 2004, para ser sometido a múltiples terapias, todas dolorosas, intensivas y mortificantes.

Ahora, sin embargo, tal como indican las autoridades del Fondo Monetario Internacional, la recuperación que el país ha logrado desde entonces hasta la fecha, sólo merece un calificativo: impresionante.

Durante el año pasado, el 2007, le economía dominicana registró un crecimiento de 8.5 por ciento, lo que nos colocó entre los cinco países de mayor ritmo de expansión económica en América Latina y el Caribe

Con ese resultado hemos acumulado tres años consecutivos de crecimiento rápido y sostenido, lo que ha determinado que entre el 2005 y el 2007, la economía dominicana haya presentado un crecimiento promedio de 9.5 por ciento, lo que la sitúa entre las de mayor dinamismo en el mundo. Todo eso contrasta, de manera significativa, con lo acontecido en el 2004, cuando la economía sólo creció 1.2 por ciento, o el 2003, cuando incluso decreció en -1.9 por ciento.

En julio del 2004, la inflación era de un 55 por ciento. La tasa de interés a la que prestaban los bancos era de 34.16 por ciento. El desempleo era de 19.7 por ciento. La calificación de riesgo país, la más baja: CCC.

Todo eso ha cambiado drásticamente durante los últimos tres años.

Los logros alcanzados con el crecimiento económico de los últimos tres años han sido el resultado de la disciplina y la responsabilidad con las que el Gobierno, desde el inicio de su gestión, ha procedido a aplicar el conjunto de políticas macroeconómicas.

Pero haber restaurado la estabilidad, haber recuperado la confianza y haber reactivado el crecimiento dinámico y sostenido de nuestra economía, no es un mérito que sólo corresponde al Gobierno.

En verdad, es un mérito de todos, de toda la sociedad dominicana, que estuvo dispuesta a soportar sacrificios y privaciones momentáneas, en aras de que la incertidumbre, la ansiedad y la angustia no se convirtieran en la forma permanente de convivencia de nuestro pueblo.

Es un mérito de Uds., los integrantes de esta Honorable Asamblea, que a pesar de las discrepancias políticas entre los partidos, supieron interpretar el supremo interés nacional y colocarse, también en su momento, a la altura de las circunstancias.

Gracias, pues, al esfuerzo mancomunado de todos, logramos reducir el ritmo de la inflación a un promedio anual de 7.1 por ciento durante los tres años del 2005 al 2007.

En el año que acaba de transcurrir, a pesar del incremento de los precios del petróleo y sus derivados, al aumento en el mercado internacional de los precios de las materias primas y los efectos provocados por las tormentas Olga y Noel, la inflación se mantuvo en un dígito, cerrando en un nivel de 8.88 por ciento.

Un factor que ilustra el restablecimiento de la estabilidad económica en el país, es el nivel de la tasa de interés.

En el 2007, la tasa activa, que es aquella a la que prestan los bancos, promedió 15.7 por ciento, menos de la mitad del nivel promedio de las tasas activas en el 2004, que como ya indicamos, fue de 34.16 por ciento.

La tasa de cambio constituye otro factor o indicador de la estabilidad macroeconómica.

Tras su distorsión durante la crisis del 2003-2004, la actual administración logró hacerla descender a niveles razonables, cerrando en el 2007, a 33.1 pesos por dólar, muy por debajo de los 42 pesos por dólar que tuvo como promedio en el 2004.

En el 2007, las reservas internacionales netas alcanzaron niveles históricos, sin precedentes, registrando la cifra de 2 mil 395 millones de dólares.

En el 2004, las reservas internacionales fueron tan sólo de 352.2 millones de dólares.

¡Cuánto ha evolucionado el país desde entonces hasta la fecha! ¡Como se ha restablecido la confianza y reactivado la inversión! ¡Como se ha consolidado la estabilidad y el crecimiento! ¡Por eso han crecido las reservas internacionales!

En el 2004, la deuda pública total del país representaba el 53.1 por ciento del PIB, más del doble del nivel que registró en el año 2000, que fue de 25.8 por ciento.

De igual forma, en el 2004, la deuda pública externa representaba el 34.7 por ciento, algo muy superior a la que dejamos al entregar el gobierno en el 2000, de 18.5 por ciento.

Conscientes de la gran restricción que representa el servicio de la deuda para lograr la inversión social, y por consiguiente, la prosperidad a la que aspira la sociedad dominicana, nos propusimos, en el transcurso de esta gestión, y hemos logrado, que la proporción de la deuda pública con respecto al PIB haya disminuido de 53.1 por ciento, como hemos señalado, a 39.1 por ciento.

Asimismo, hemos obtenido que la deuda externa haya bajado de 34.7 por ciento a 21.5 por ciento del PIB.

Como consecuencia de todo esto, la calificación riesgo país pasó de CCC, a B más.

Por otra parte, cabe indicar que la banca nacional, que al inicio de la presente gestión gubernamental alcanzaba apenas una solvencia de un 8.8 por ciento, hoy alcanza un 13.1 por ciento, superando lo estipulado por la Ley Monetaria y Financiera, que exige un mínimo de solvencia de un 10 por ciento sobre los activos ponderados por riesgos.

El patrimonio, que es el aporte de capital de los accionistas de los bancos, acumuló hasta el año 2004, 21 mil millones de pesos. Al presente, esta cifra ha sido duplicada, llegando alcanzar los 42 mil millones de pesos, es decir, un incremento de un cien por ciento.

Los activos totales del sistema financiero han experimentado un crecimiento de un 47 por ciento.

En el 2004, esos activos ascendían a 365 mil millones de pesos. A la fecha se cuenta con 536 mil millones de pesos, esto es, casi 171 mil millones de pesos adicionales.

Los préstamos destinados a los diferentes sectores económicos tenían, en el 2004, dos años consecutivos creciendo a tasas reales negativas de menos un 30 por ciento.

Hoy día acumulan una tasa de crecimiento real positiva de 40 por ciento, pasando de 172 mil millones los préstamos otorgados a 300 mil millones, es decir, un incremento de un 74 por ciento.

En lo que tiene que ver con la política fiscal, se estableció como meta revertir el déficit del sector público no financiero de 3.6 por ciento del PIB en el 2004 y transformarlo en un superávit de 0.7 por ciento del PIB al concluir el 2007.

También se había establecido que el déficit cuasi-fiscal pasara de 4.0 por ciento del PIB en el 2004 a 2.1 por ciento en el 2007.

Todo ese esfuerzo fiscal daría por resultado que el déficit del sector público consolidado se redujera de 7.6 por ciento del PIB en el 2004 a 1.4 por ciento en el 2007.

El resultado de las cuentas del sector público no financiero al finalizar el pasado año arrojó un resultado de acuerdo con los objetivos establecidos, así como un cumplimiento de la meta del cuasi-fiscal del Banco Central.

En resumen, al pasar revista a los distintos indicadores del comportamiento de la economía nacional, podemos decir, con absoluta certeza y entera satisfacción, que en la actualidad, al día de hoy, estamos mejor que cuatro años atrás.

Al haber crecido la economía, estamos mejor.

Al haber disminuido la inflación, estamos mejor.

Al haber bajado las tasas de interés, estamos mejor.

Al haberse reducido y estabilizado la tasa de cambio, estamos mejor.

Por supuesto, estamos conscientes que la estabilidad macroeconómica es sólo una condición necesaria, aunque insuficiente, para mejorar la calidad de vida de nuestros conciudadanos.

Sabemos que el objetivo de todo plan estratégico de desarrollo económico es precisamente el de mejorar la condición de vida de las personas, reducir los niveles de pobreza y desigualdad social y crear oportunidades para que todos los seres humanos puedan disfrutar de condiciones dignas y justas.

El aumento de la inflación, el desempleo y la devaluación del peso que vivimos durante la crisis del 2003-2004, hizo que 1 millón 371 mil dominicanos fueran lanzados a la pobreza, de los cuales 553 mil cayeron en la pobreza extrema.

En octubre del 2004, el 43.4 por ciento de las personas vivía bajo condiciones de pobreza y el 16.5 por ciento en situación de pobreza extrema.

Con esto, el número de pobres se elevó hasta 3 millones 905 mil, mientras que los ciudadanos caídos en pobreza extrema a causa de la crisis sumaron 1 millón 480 mil.

Ese ha sido, sin dudas, el costo más caro, más cruel y más inhumano de la crisis vivida en años recientes.

Afortunadamente, tal como indica un informe del Banco Mundial, en estos tres años hemos logrado modificar, parcialmente, esa situación.

Conforme a ese estudio, a octubre del año 2006, la pobreza había descendido en unos 7 puntos, llegando a un nivel de 36.7 por ciento, lo cual quiere decir que en tan sólo dos años se redujo casi la mitad del aumento de los pobres que se había registrado durante la crisis.

En el 2004, la tasa de desempleo había llegado a 19.7 por ciento. Para el 2007, había descendido a 15.5 por ciento, lo que significa que durante este período de gobierno se han podido crear cerca de 400 mil nuevos empleos.

Aún falta un largo sendero por recorrer para erradicar la pobreza en la República Dominicana, pero el camino de estabilidad y crecimiento productivo es el único históricamente conocido por el género humano que puede conducir a la conquista de tan nobles ideales.

¡Y por ese camino es que nos dirigimos!

Señores Miembros de la Asamblea Nacional:

No escapa a la comprensión de quien tiene el honor de dirigirles la palabra que no todo está ungido de Santidad en la Viña del Señor. Grandes retos e inmensas dificultades se interponen siempre en el camino que conduce hacia el progreso, la modernización y el bienestar.

Luego de haber superado todos los escollos internos que provocaron la crisis del 2003-2004, nos hemos encontrado con un conjunto de desafíos que tienen que ver con los cambios producidos en el entorno internacional.

Entre esos desafíos se encuentran el fin del Acuerdo Multifibras, en el 2005, el cual eliminó el sistema de cuotas de importación al mercado norteamericano de los productos textiles; el alza de los precios del petróleo en los mercados internacionales; el incremento del precio de los alimentos por el cambio de patrón de la producción agrícola a favor de los biocombustibles; la ocurrencia más frecuente e intensa de desastres naturales, fruto del cambio climático; la crisis inmobiliaria y la amenaza de recesión de la economía de los Estados Unidos.

El fin del Acuerdo Multifibras representó para la República Dominicana un desafío relacionado con la competitividad de nuestras Zonas Francas. De repente, el mercado norteamericano, principal destino de nuestras exportaciones, quedaba inundado con productos textiles elaborados en Asia a un costo de producción inferior al nuestro y al de otras naciones del Caribe y Centroamérica.

Eso, inmediatamente, provocó una disminución de la demanda hacia nuestra región, y, por supuesto, hacia la República Dominicana, la cual se tradujo en una pérdida sensible de empleos.

Para revertir esa situación, el Gobierno actuó conjuntamente con el núcleo de empresarios de las Zonas Francas para adoptar un cúmulo de acciones orientadas a sortear la situación y fortalecer al sector.

Entre esas medidas se encuentran, en primer lugar, la designación como usuarios no regulados, por parte de la Superintendencia de Electricidad, a los operadores de parques de Zonas Francas.

En la actualidad, más de 25 parques de Zonas Francas gozan de la categoría de usuario no regulado.

En segundo lugar, se procedió a la creación de un fondo de 1 mil 200 millones de pesos para ser destinados a préstamos requeridos por las empresas dedicadas a la actividad de confecciones de textiles y calzados.

En tercer lugar, la reducción de un 25 por ciento en el precio de las rentas de alquiler de edificaciones, en la Zona Franca Industrial de Santiago, así como una reducción, por parte de la Dirección General de Aduanas, en la tasa de servicios que cobra a todo exportador.

Cuarto, se han otorgado autorizaciones de exoneraciones de impuestos para la adquisición de combustibles, fuel oil y gas natural, que van directamente integrados al proceso industrial.

Quinto, se promulgó la Ley 56-07, que como ya indicamos, declara de prioridad nacional los sectores pertenecientes a la cadena textil, de confecciones y accesorios; pieles y fabricación de calzados.

Sexto, la emisión del Decreto 552-07, que dispone la creación de un Fondo para la Preservación y Creación de Empleos en el sector de Zonas Francas, así como la reciente inauguración del Centro de Capacitación para la Especialización de Técnicos en el área de Desarrollo de Productos, como soporte fundamental hacia la integración vertical de la industria de prendas de vestir.

Finalmente, como un logro de gran significación, haber obtenido que la Organización Mundial de Comercio (OMC) haya otorgado la prórroga para que el país continúe facilitando los incentivos al sector de Zonas Francas hasta el año 2015.

Con miras hacia el futuro, la consolidación y expansión del régimen de Zonas Francas estará determinado por nuestra capacidad para extraer provecho del DR-CAFTA, o Acuerdo de Libre Comercio con los Estados Unidos y Centroamérica, la aplicación del Plan Nacional de Competitividad Sistémica hacia el sector, la capacitación de recursos humanos, el incremento de valor agregado a los productos, la innovación y la integración con sectores locales de producción y servicios.

En todo caso, lo que podemos afirmar es que en los últimos años hemos trabajado intensamente con el sector de Zonas Francas para que éste se recupere, se fortalezca y se expanda, para de esa manera continuar generando empleos y siendo una de las áreas de mayor dinamismo económico en nuestro país.

Y estamos seguros que así será.

Por otro lado, Señoras y Señores, al Gobierno, como a toda la sociedad dominicana le preocupa y agobia la carga que imponen con creciente intensidad los altos precios de los combustibles.

A nuestra llegada al Gobierno, al cierre del 2004, el país pagó por las importaciones de petróleo y derivados un monto de 1 mil 667 millones de dólares.

Tres años más tarde, en el 2007, el importe de la factura petrolera se colocó en 3 mil 178 millones de dólares, lo que equivale a decir que prácticamente se duplicó en un período de tres años.

Para mitigar, de alguna manera, el impacto del escalamiento de los precios de los combustibles, hemos podido contar con el programa de PetroCaribe, una iniciativa que en distintos momentos he calificado de generosa y solidaria por parte del gobierno del presidente Hugo Chávez de la República Bolivariana de Venezuela.

En el mismo tenor, el Gobierno viene dando los pasos para poner en ejecución un programa nacional de ahorro y uso racional de energía que contempla, entre otros aspectos, la instalación de semáforos sincronizados en las ciudades de Santo Domingo y Santiago; la reestructuración de las rutas del transporte urbano; el desarrollo del mercado de gas natural en el transporte público y privado; y el impulso al desarrollo de las energías renovables y de los biocombustibles.

Ahora bien, como dice el refrán popular, no hay mal que por bien no venga, y resulta que de la adversidad de los precios del petróleo ha surgido la oportunidad de relanzar la industria azucarera nacional, por medio de la producción de etanol.

Me permito informarles que en estos momentos estamos concluyendo las negociaciones del proyecto más importante para el resurgimiento y consolidación de la industria de la caña.

Este proyecto tiene como objetivo la construcción de un ingenio con capacidad para moler diariamente 15 mil toneladas de caña, una planta de co-generación de energía eléctrica a través del bagazo y otra planta para producir etanol, con una capacidad de 50 millones de galones anuales.

Ese proyecto, el cual será ejecutado por el Grupo Vicini y el Central Romana, conllevará una inversión de 500 millones de dólares y generará más de 30 mil empleos directos para la zona Este del país.

¡Ya empieza a sentirse de nuevo en San Pedro de Macorís, en La Romana y en todo el Este el olor del guarapo y la melaza! ¡Ya vuelve a resplandecer la industria azucarera!

Aprovecho también esta oportunidad para anunciarle al país que la empresa canadiense Barrick Gold Corporation hará una inversión de 2 mil 600 millones de dólares en la ejecución del proyecto de explotación minera de Pueblo Viejo en la provincia Sánchez Ramírez.

Esa inversión generará también miles de empleos. Contribuirá a la transferencia de tecnología de punta, a la formación de recursos humanos, sobre todo en las áreas de administración e ingeniería de minas y a la aplicación de medidas de última generación para la preservación del medio ambiente.

Pero ante todo será la más grande inversión jamás realizada en la historia de la República Dominicana.

¿A qué se debe todo eso?

A la confianza que se tiene en el futuro de nuestro país. Al hecho de que somos una nación con estabilidad económica, con paz social y seguridad jurídica, que son los factores esenciales que atraen la inversión, tanto doméstica como extranjera, y por consiguiente, el crecimiento sostenido y el desarrollo.

Pero como prueba adicional de esa confianza en la estabilidad del país y su futuro, cabe señalar que en el 2007, en el mercado de valores dominicano se aprobaron ocho emisiones de valores por un monto ascendente a 12 mil 755 millones de pesos, representados en bonos corporativos, deudas de corto plazo, bonos de deuda subordinada en pesos y bonos ordinarios con garantía en dólares, las cuales han sido evaluadas positivamente por varias compañías calificadoras de riesgo.

Para no dejar dudas de que el año 2007 ha sido el mejor en toda la historia del mercado de valores en la República Dominicana, sólo basta indicar que en relación al monto de emisiones registradas en el 2006, que fue de 3 mil 156 millones de pesos, el incremento, en tan sólo un año, fue de 304 por ciento, algo verdaderamente fantástico.

En verdad, nunca habíamos visto nada semejante en la historia financiera de la República Dominicana.

Pero lo mismo ocurre con el sistema de fondos de pensiones. Ahí, al evaluar los logros alcanzados pudimos constatar que hay 1 millón 800 mil trabajadores afiliados y recursos acumulados por un monto que supera los 51 mil 500 millones de pesos.

¿Quién habría podido imaginar cuatro años atrás que nuestros trabajadores acabarían convirtiéndose en lo que en términos eufemísticos podríamos denominar como la nueva oligarquía financiera de la República Dominicana? ¿Quién habría podido soñar con esa fantasía?

¿Saben Uds. lo que representan esos más de 51 mil 500 millones de pesos?

Eso representa ya el 3.7 por ciento del Producto Interno Bruto, y para el año 2012 las proyecciones que se tienen es que alcanzará el 13 por ciento de nuestro Producto Interno Bruto, o lo que es lo mismo, el equivalente a toda la producción agropecuaria actual de un año.

Los fondos de pensiones de los trabajadores dominicanos no crecen en proporción aritmética, ni siquiera en proporción geométrica. Crecen en forma exponencial, lo que indica que su potencialidad es inmensa.

La pregunta que todos se hacen es: ¿Y qué se hará con esos recursos?

A través de la Superintendencia de Pensiones se ha elaborado un Plan Estratégico que promueve la ampliación de alternativas de financiamiento de esos fondos hacia sectores productivos, tales como vivienda, pequeñas y medianas empresas, tecnología e infraestructura.

Otros sectores de nuestra economía también experimentaron crecimiento y desarrollo durante el año recién transcurrido.

Tal es el caso, por ejemplo, del turismo y del sector agropecuario.

Con respecto al primero, es preciso señalar que durante el 2007, por vez primera, el país recibió más de 4 millones de turistas.

Pero, además, las inversiones en nuevos hoteles, la ampliación de los ya existentes y la realización de proyectos inmobiliarios turísticos, fue superior a los 1 mil 400 millones de dólares.

Por su parte, el Gobierno invirtió más de 2 mil millones de pesos en el desarrollo de infraestructuras, en proyectos tales como acueductos, sistemas sanitarios, regeneración de playas y carreteras.

Otro hecho a destacar fue el gasto en publicidad en el exterior, el cual alcanzó a 28 millones de dólares, un hecho sin precedentes en nuestra historia.

El ingreso turístico, la variable más importante a considerar, casi llegó a 4 mil millones de dólares, según estimaciones preliminares del Banco Central.

En estos tres años de la actual gestión gubernamental, del 2005 al 2007, se han puesto en operación 6 mil 174 nuevas habitaciones hoteleras, generando cerca de 25 mil nuevos empleos directos e indirectos, sin contar con los miles de trabajadores empleados en la construcción y en la ampliación de esos hoteles.

En síntesis, durante estos últimos tres años, la llegada de turistas internacionales se incrementó en 652 mil 302 turistas, lo cual, a su vez, generó un aumento en el ingreso por la actividad turística del país superior a los 791 millones de dólares.

Lo mejor del caso es que ya podemos sentirnos orgullosos al saber que en programas internacionalmente reputados, como el de Oprah Winfrey, el de Good Morning America, el Late Night Show y varios de los programas de CNN, se difunden las bellas y refrescantes imágenes de nuestro país bajo el lema de: ¡República Dominicana, Inagotable!

En el sector agropecuario, el crecimiento de los últimos tres años ha generado la autosuficiencia productiva en los principales renglones de la canasta básica familiar, tales como arroz, pollo, papa, huevo, frutas, vegetales, carne de cerdo y de res, entre otros, todo lo cual, a su vez, ha garantizado la seguridad alimenticia de la población dominicana.

En los últimos tres años hemos capitalizado el Banco Agrícola con la inyección de más de 4 mil 500 millones de pesos, lo que le ha permitido a esa institución aumentar en más de un 35 por ciento la cartera de crédito destinada a los pequeños y medianos productores.

Durante los últimos tres años, a pesar de los trastornos momentáneos que nos ha causado la presencia de síntomas de la influenza aviar en la zona Este del país, la producción de pollos pasó de 9 millones de unidades al mes en agosto del 2004 a unos 15.5 millones de unidades mensuales en los momentos actuales.

La producción de huevos, que era de 90 millones de unidades en el mes de agosto del 2004, ha pasado a 150 millones de unidades mensuales en la actualidad.

La producción de arroz pasó de 8.2 millones de quintales en el 2004 a 10.7 millones en el 2007.

La producción de cerdas madres se incrementó de 35 mil unidades en el año 2004 a unas 80 mil en la actualidad.

La producción de leche pasó de 384 millones de litros en el 2004 a más de 600 millones de litros el año pasado, lo que constituye un crecimiento acumulado de 56.2 por ciento en el actual período de gobierno.

En resumen, podemos afirmar, sin lugar a equívocos, que durante esta gestión de Gobierno el pueblo dominicano come más y mejor que cuatro años atrás.

No obstante los esfuerzos realizados por el Gobierno junto a los productores, la agropecuaria nacional fue severamente afectada por el paso de las dos tormentas tropicales Noel y Olga.

En conjunto, ambos fenómenos climáticos impactaron más de dos millones de tareas sembradas con más de 30 cultivos. Se perdieron unas treinta mil cabezas de ganado de diferentes especies; y de manera particular el cultivo de plátanos y guineos fue prácticamente diezmado en el Sur y el Noroeste.

Como respuesta inmediata a los daños ocasionados en la agropecuaria, el Gobierno ejecutó un Plan de Emergencia para la Rehabilitación de las zonas afectadas por un monto de más de 4 mil millones de pesos, los cuales todavía se encuentran en proceso de ejecución.

Honorables Miembros de la Asamblea Nacional:

Hay dos grandes desafíos que se ciernen sobre el horizonte de la República, los cuales son objeto de legítima preocupación por parte de la población. Me refiero a los problemas del sector eléctrico y la seguridad ciudadana.

En relación a lo primero, cabe destacar que el Gobierno ejecuta el “Plan Integral de Recuperación del Sector Eléctrico” a los fines de que a más tardar en el año 2012, haya sido resuelto uno de los más grandes males que ha venido afrontando la sociedad dominicana desde hace más de 30 años.

Cuando se compara la situación actual del sector con la que existía cuando llegamos al Gobierno en el año 2004, es fácil darse cuenta de que se han obtenido avances significativos en las áreas de distribución, transmisión y generación, como lo han reconocido el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otros organismos multilaterales.

En lo que se refiere al área de distribución, las Empresas Distribuidoras aumentaron el suministro de energía de 8 mil 169 millones de kilovatios hora, en el año 2004, hasta 9 mil 808 millones, en el año 2007.

Eso ha permitido elevar el nivel de suministro de energía a la población de un 72 hasta un 85 por ciento.

En el año 2004 no había un solo circuito eléctrico que recibiera 24 horas de energía por día. Sin embargo, hoy tenemos 257 circuitos dentro del programa “24 Horas”, lo que equivale al 48 por ciento de los 531 circuitos existentes.

Las pérdidas han bajado al 34 por ciento y las cobranzas han aumentado hasta el 90 por ciento en el 2007.

En el año 2004 las Distribuidoras compraron energía a los Generadores por mil 56 millones de dólares, y sólo pagaron 681.82 millones de dólares, es decir, el 65 por ciento.

En el 2007 las compras ascendieron a mil 251 millones de dólares, las cuales fueron pagadas en su totalidad, poniendo fin, de esta manera, a los odiosos apagones financieros.

Con respecto al área de transmisión, se ha construido un conjunto de líneas y subestaciones a 138 mil voltios en diferentes localidades del país, a un costo superior a 70 millones de dólares.

La Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana está construyendo la Autopista Eléctrica Santiago-Santo Domingo a 345 mil voltios, y la línea Arroyo Hondo-Los Mina-Hainamosa, a 138 mil voltios, a un costo de más de 170 millones de dólares.

En el área de generación, se están construyendo 7 proyectos hidroeléctricos con una capacidad de 235 megavatios, lo que representa un incremento del 50 por ciento de la capacidad actual, a un costo de más de 800 millones de dólares, entre los cuales tenemos Pinalito, Palomino y Las Placetas.

Con el objetivo de cubrir la demanda creciente de energía, sustituir plantas obsoletas y disminuir los costos de generación, se ha decidido reestructurar el parque de generación, incluyendo la construcción de dos centrales a carbón, de 600 megavatios cada una, así como la conversión de plantas de gasoil a gas natural, como es el caso de Cogentrix, con 300 megavatios.

Consciente de que el país cuenta con un alto potencial para la generación de electricidad a partir de fuentes renovables, como el viento y la biomasa, el Gobierno promovió la aprobación de la Ley 57-07, que otorga incentivos a la ejecución de proyectos que impliquen la explotación de tales fuentes de energía. En la actualidad hay más de 700 megavatios concesionados en energía eólica y se espera que la construcción de los mismos se inicie dentro de poco tiempo.

En definitiva, los avances mostrados en la recuperación del sector eléctrico nos permiten asegurar que a más tardar en el año 2012 se habrán erradicado definitivamente los apagones, se habrá terminado de electrificar todo el país y se habrán reducido significativamente los precios de la energía a los consumidores.

Sólo entonces podremos realmente decir que la República Dominicana entró al Siglo XXI.

Con respecto a la situación de criminalidad y violencia, cabe recordar que en el 2005 se puso en marcha la primera política pública integral concebida en la República Dominicana para combatir la inseguridad, rescatar la presencia del Estado en todo el territorio nacional y velar por los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Al cabo de tres años de aplicación de esa política, identificada como Plan de Seguridad Democrática, los resultados han sido satisfactorios.

Desde febrero del 2005 hasta la fecha, la tasa de muertes violentas por cada cien mil habitantes se ha reducido de 26.41 por ciento a 18.43 por ciento.

En otros delitos, como el hurto de automóviles, que presentaba una tendencia creciente, se han logrado disminuciones significativas, así como un aumento considerable en la recuperación de los vehículos hurtados.

De igual manera, se han dado progresos importantes en el proceso de la reforma de la Policía Nacional y el fortalecimiento de la política criminal que adelanta la Procuraduría General de la República.

El Programa de Barrio Seguro, que empezó en agosto del 2005 como un plan piloto en uno de los barrios de mayor criminalidad de la Capital, actualmente se ha extendido a más de 100 barrios.

La meta es que todo el territorio nacional quede debidamente protegido. Que nadie se sienta inseguro. Que todo el mundo confíe en una Policía Nacional que está para ampararle, para custodiarle y para cuidarle.

Con respecto a las áreas de educación, salud y políticas sociales en general, reconozco que hay un criterio generalizado en distintos ámbitos de la vida nacional en relación a lo que se estima como baja inversión para este sector.

Acepto el hecho de que la inversión en educación, así como en todo el ámbito social se encuentra por debajo del nivel internacionalmente reconocido como adecuado.

Las razones, sin embargo, para que así sea, no se corresponden, como a veces se considera, a falta de voluntad política, insensibilidad o indiferencia.

Las razones se deben, fundamentalmente, a la carga que representa en el gasto público el cumplimiento del pago anual de la deuda pública, así como del subsidio que se mantiene al sector eléctrico y al uso del gas licuado de petróleo, todo lo cual es mayor que el presupuesto de educación y salud combinados.

No obstante esas limitaciones, podemos asegurar que durante los últimos tres años ha habido avances significativos de este sector en el país.

La inversión social, que como porcentaje del PIB era de 7.3 por ciento en el 2004, pasó a 8.9 por ciento en el 2007.

De manera más específica, la inversión en educación y salud, la cual era equivalente al 2.8 por ciento del PIB en el 2004, hoy alcanza a 4.4 por ciento.

Mientras en el año 2004 el presupuesto ejecutado por la Secretaría de Estado de Educación era de 11 mil 724 millones de pesos, en el año 2007 fue de 26 mil 789 millones de pesos. Eso representó más de un 100 por ciento de aumento.

En el 2004 la tasa de analfabetismo era de 13.1 por ciento. Para el 2007 se había reducido a 10.8 por ciento.

En el año 2004 la cobertura del nivel inicial, esto es, el preescolar, para la población de 5 años, era de 75 por ciento. Para el 2007 era de 99.3 por ciento.

En América Latina, el año pasado, el promedio se encontraba en 67.3 por ciento, de manera que en ese aspecto, la República Dominicana se encuentra por encima del nivel regional.

En el caso de la educación rural para niños y niñas entre 6 y 18 años, la República Dominicana exhibe el nivel más alto de cobertura en América Latina con 88.7 por ciento.

Considero que este es un dato que debe regocijarnos a todos y hacernos sentir orgullosos, porque, en verdad, son síntomas de que realmente avanzamos como Nación.

En el año 2007 se entregaron 1 millón 700 mil raciones diarias de desayuno escolar. Se distribuyeron cerca de 27 millones de libros de textos a estudiantes de diferentes niveles.

Cerca de 300 mil estudiantes pobres recibieron mochilas con útiles escolares.

180 mil estudiantes fueron beneficiados con uniformes y calzados para asistir a la escuela.

Se ha creado el Portal Educativo Dominicano. Se han instalado nuevos laboratorios de informática y rincones tecnológicos.

Se han entregado pizarras digitales. Se han construido y equipado 4 modernos centros de excelencia del nivel medio. Se ha ampliado el programa de bibliotecas escolares y se han equipado laboratorios de ciencias de la naturaleza para los centros educativos del nivel medio.

Durante el actual período de gobierno se han construido 415 nuevos centros educativos, para un total de 3 mil 730 aulas.

De igual manera, se han reparado 4 mil 123 centros educativos y más de 29 mil 400 aulas.

En formación, capacitación y actualización de maestros se ha invertido más de 900 millones de pesos, con lo cual se ha superado todo cuanto se había hecho con anterioridad.

En el 2004 el salario base de los maestros del nivel básico por dos tandas era de 11 mil 441 pesos. En la actualidad es de 20 mil 240 pesos.

22 mil maestros han sido beneficiados con el programa de computadoras.

En educación superior, se otorgaron más de 11 mil 500 becas de grado y postgrado a jóvenes universitarios a nivel nacional e internacional.

Se formaron 11 mil jóvenes universitarios en el Programa de Inglés de Inmersión para la Competitividad, lo que les ha permitido su inserción en el mundo laboral y una mayor eficiencia en sus estudios universitarios.

Se otorgaron más de 7 mil tarjetas “Jóven Universitario” a estudiantes de escasos recursos.

Se elaboró el Plan Decenal de Educación Superior con la participación de todas las universidades, los sectores productivos y de servicios del país.

Se diseñó el primer Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2008-2012 y se diseñó el modelo de institutos técnicos superiores comunitarios (community colleges), incluyendo el currículo, estructura y tipo de gestión, que permita iniciar su funcionamiento durante el transcurso de este año.

Como puede apreciarse, no creo que pecaríamos de exagerados si dijésemos que en la República Dominicana, en materia de educación, definitivamente: ¡E’Pa’Lante que Vamos!

Para apreciar el avance, en términos de inversión, experimentado en el sector salud es preciso señalar que mientras en el año 2004 su ejecución presupuestaria fue de 12 mil 603 millones, en el 2007 alcanzó la cifra de más de 25 mil millones de pesos. Eso significa un incremento de 98.5 por ciento.

Entre los logros alcanzados se encuentran la disminución de la tasa de mortalidad infantil, de 35.4 por ciento por mil nacidos vivos en el 2004, a 30 por ciento por cada mil nacidos vivos en el 2007.

Disminución de la tasa de mortalidad materna, de 131 por 100 mil nacidos vivos en el 2004, a 100 por cien mil nacidos vivos en el año 2007.

Disminución de los casos de malaria, tuberculosis, dengue, sarampión y rubéola.

Se incrementó la cobertura del Programa de Transmisión de VIH Sida, aplicado en 134 establecimientos de salud.

A través del Programa Promese/Cal, se han creado 375 farmacias del pueblo, las cuales permiten a los sectores de escasos recursos de la población adquirir, por vez primera, medicamentos a precios baratos.

Se mejoró la condición salarial de los profesionales y técnicos de la salud, al producirse incrementos entre un 54 y 88 por ciento. En adición, se aumentaron los incentivos, como forma de mejorar sus condiciones laborales.

Se ha puesto en marcha el programa “Progresando”, el cual contribuye a promover el desarrollo humano de las familias pobres.

De igual manera, se han distribuido más de 360 mil tarjetas de “Solidaridad” a familias de escasos recursos, mediante las cuales obtienen 550 pesos mensuales para la adquisición de alimentos.

Más de 330 mil niños reciben 150 pesos mensuales a través del Incentivo a la Asistencia Escolar, por asistir regularmente a la escuela.

En la actualidad hay 1 millón 092 mil beneficiarios del régimen subsidiado del seguro social que reciben, de manera gratuita, consultas médicas, internamiento, medicamentos y procedimientos para diagnóstico de laboratorios clínicos e imagen.

En el 2004 sólo había 45 mil beneficiarios.

¡Imagínense ustedes, de tan sólo 45 mil, hemos pasado a más de 1 millón de beneficiarios del régimen subsidiado del seguro social, que es el seguro cubierto con fondos del Estado, y que además de los empleados públicos, va dirigido, esencialmente, a favorecer a los indigentes y a los pobres de la República Dominicana!

Para verificar cuanto estamos indicando sobre este particular, escuchemos el testimonio de la señora María Bartola Polonia, de San Francisco de Macorís. Ella nos dice lo siguiente:

La Señora María Bartola Polonia se encuentra aquí entre nosotros.

De igual forma, prestemos atención a lo que nos dice el señor Simeón Díaz, de Barahona.

También está aquí entre nosotros el señor Simeón Díaz.

Hace 3 años no existía el Seguro Familiar de Salud del Régimen Contributivo. Su entrada en vigencia fue pospuesta en múltiples ocasiones. Se requirió de mucha voluntad y de mucha firmeza para que finalmente su aplicación se iniciase en septiembre del año pasado.

En la actualidad, ya hay más de 1 millón 350 mil afiliados.

El sistema se ha ido perfeccionando y continuará perfeccionándose con el tiempo. Su plena consagración significará la más profunda revolución jamás imaginada en el sistema de salud en la República Dominicana.

Estamos convencidos que así será.

En el área de infraestructura, hemos considerado que el suministro de agua potable para una población creciente, como la nuestra, constituye una prioridad en la agenda de desarrollo nacional.

Por tal motivo, durante esta gestión se han construido más de 100 acueductos en todo el territorio nacional. Se reiniciaron los trabajos para la terminación del Acueducto Oriental, en la Provincia de Santo Domingo, el cual beneficiará a más de 560 mil personas.

Se terminó el Acueducto Múltiple de la Línea Noroeste y su ampliación, para el beneficio de una población futura de más de 1 millón 700 mil personas.

Se concluyó el Acueducto de San Francisco de Macorís, para una población de cerca de 300 mil personas.

Se terminó el Acueducto de San Cristóbal para una población de 600 mil habitantes.

Se terminó el Acueducto de la Línea Suroeste (Barahona, Bahoruco e Independencia), para una población de más de 400 mil personas.

Se concluyó la primera etapa del Acueducto de La Romana para una población de más de 370 mil personas.

En este momento se están ejecutando el Acueducto de Samaná, el Acueducto de Nagua y el Acueducto de Higuey; y próximamente se dará inicio a la construcción del Acueducto de Baní.

El Proyecto de Riego Azua II, en Pueblo Viejo, se está ejecutando, y consiste en la ampliación, mejoramiento y modernización del sistema de riego del Valle de Azua.

Se han rehabilitado decenas de sistemas de riego. Se han ejecutado diversos programas de manejo de cuencas y zonas costeras; y se ha ejecutado, en su casi totalidad, el Plan Hidrológico Nacional.

En las próximas semanas se reiniciará el Proyecto de Aprovechamiento Múltiple del Río Camú, conocido como Presa de Guaigüí, paralizado desde el gobierno anterior; y de igual manera, daremos inicio a la construcción de la Presa de Monte Grande, la cual beneficiará a las provincias de Barahona, Bahoruco e Independencia.

En lo que respecta al medio ambiente, hemos aprobado 714 licencias ambientales, lo que equivale, en términos de inversión, a cerca de 10 mil millones de dólares.

Hemos elaborado 54 planes de manejo operativo en áreas naturales protegidas, lo que supone una mayor protección del Patrimonio Ambiental de la República Dominicana.

Con el reinicio del Plan Quisqueya Verde se han plantado más de 18 millones de unidades de árboles, lo que representa más de 180 mil tareas boscosas.

En estos momentos, se encuentra en su fase final de elaboración, el Atlas de Biodiversidad y Recursos Naturales de la República Dominicana.

En materia de viviendas, se han construido 3 mil 630 unidades nuevas. Se han mejorado cerca de 70 mil y se han intervenido más de 33 mil 600 hogares para el cambio de piso de tierra por cemento.

Durante el actual período, a través de la Secretaría de Obras Públicas y de la Oficina Supervisora de Obras del Estado, se han concluido importantes proyectos, entre los cuales, podríamos citar: el Elevado de Los Alcarrizos; el puente sobre el Río Higuamo, en San Pedro de Macorís; la Carretera de San Francisco-Tenares; la de Santiago-Tamboril; la de Hato Mayor-El Seybo; la de Sabana Grande de Boyá-Monte Plata; la de Dajabón-Santiago de la Cruz-Loma de Cabrera (mejor conocida como carretera del Peregrino); el edificio de la Suprema Corte de Justicia y Procuraduría General de la República.

Una de las grandes prioridades asumida por la presente administración, fue la construcción de los Centros Universitarios Regionales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Hicimos un compromiso para construir ocho centros universitarios regionales, y la construcción y reparación de las distintas facultades y edificaciones de la sede central.

Iniciamos este proceso, con la terminación de la construcción del Centro Universitario Regional de Santiago (CURSA).

Entregamos el Centro Universitario Regional del Atlántico (CURA) en Puerto Plata.

Este gobierno concluyó los edificios de aulas del Centro Universitario Regional de Nagua (CURNA).

En este gobierno iniciamos y concluimos el Centro Universitario Regional del Este (CURE) en el municipio de Higüey.

Trabajamos en forma acelerada, para concluir las instalaciones del Centro Universitario Regional Suroeste (CURSO), ubicado en la provincia de Barahona.

Trabajamos con gran ahínco en la construcción del Centro Universitario Regional Oeste (CURO), ubicado en el municipio de San Juan de la Maguana.

De igual manera, avanzamos en la construcción del Centro Universitario Regional de Bonao, obra que será concluida e inaugurada para el mes de mayo de este año.

Los estudiantes de la Línea Noroeste, de Montecristi, Dajabón, Santiago Rodríguez y la provincia Valverde, tendrán en este gobierno su Centro Universitario Regional de Mao.

En la sede central de la Universidad Autónoma de Santo Domingo concluimos la construcción de la Biblioteca Central Pedro Mir y la remodelación del Aula Magna y la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales.

En estos momentos se construye un nuevo Comedor Universitario, con capacidad para 10 mil 800 personas, la Torre Administrativa, el Edificio de Investigación, Desarrollo e Innovación y un Edificio de Parqueos de 7 niveles con capacidad para 1 mil 200 vehículos.

Este gobierno trabaja y concluirá en este período las instalaciones del Instituto Técnico Superior Comunitario (ITSC).

Se construyen más de 150 Centros Tecnológicos Comunitarios (CTC), uno por cada municipio del país.

Si a todo esto le sumamos la instalación de más de 100 centros de capacitación en informática, a través del Indotel, al finalizar este período gubernamental la brecha digital se habrá reducido de manera significativa.

En estos momentos, se encuentran en ejecución la construcción de los proyectos del Centro Cívico-Cultural Mauricio Báez, la Ciudad Cultural Profesor Juan Bosch, en La Vega; la Secretaría de Estado de Medio Ambiente, el Centro Comprensivo de Cáncer Dr. Heriberto Pieter y la Ciudad de la Salud en Santo Domingo.

Asimismo, se encuentra en su fase final la remodelación del Palacio de Bellas Artes, la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña y el Archivo General de la Nación.

Hemos inaugurado el Teatro Popular de Villa Juana, la iluminación y reparación del Centro Histórico de Santiago y el Monumento a los Héroes de la Restauración, en la misma ciudad.

Para el próximo viernes, inauguraremos, también en Santiago, la Arena del Cibao Dr. Oscar Gobaira, una obra que, al ser certificada por la NBA de los Estados Unidos, llenará de orgullo a todos los amantes del baloncesto y del deporte en general, en la República Dominicana.

En el ámbito institucional, hemos llevado a cabo la más profunda y radical transformación administrativa y financiera del Estado, con la creación de la Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción, la Secretaría de Estado de Hacienda, la Secretaría de Economía, Planificación y Desarrollo y la Secretaría de Estado de Administración Pública.

De igual forma, hemos promulgado y puesto en ejecución la nueva Ley Orgánica de Presupuesto, la Ley de Compras y Contrataciones, la Ley de Control Interno, la Ley de Planificación e Inversión Pública, la Ley de Crédito Público, la Ley de Tesorería y la Ley de Función Pública.

Señores legisladores. Ilustres invitados:

A pesar de estos indudables logros alcanzados durante los últimos tres años, sería un gravísimo error creer que la República Dominicana, de repente, se ha convertido, por arte de magia, en el Paraíso Perdido de John Milton, o en un lugar idílico que sólo existe en el mundo del ensueño y la ficción.

No es así. En realidad, inmensas dificultades y graves desafíos aún nos aguardan. De hecho, la gran disyuntiva de la República Dominicana es que aún tiene problemas no resueltos del pasado, necesidades urgentes del presente y retos del futuro.

Pero de lo que estamos seguros es que la mejor forma de vencerlos y seguir hacia adelante es consolidando y fortaleciendo las conquistas obtenidas en los últimos años.

Ahora, lo que nos planteamos es cómo, luego de superar una crisis, nos remontamos en el horizonte hacia el porvenir de la Nación en el mediano y largo plazo.

Mi visión es optimista. Comparto la opinión de que “la peor derrota de una persona o de un pueblo es cuando pierde su entusiasmo”.

Razón tenía Arquímedes, el gran científico griego de la ciudad de Siracusa, cuando decía que para mover el mundo sólo necesitaba una palanca y un punto de apoyo.

Nosotros como sociedad y como parte de una civilización, avanzamos permanentemente hacia el cambio; y ese cambio se acelera, a favor del progreso y el bienestar, en la medida en que actuemos unidos como Nación.

Durante los próximos dos meses y medio, el país estará envuelto en la vorágine de un proceso electoral. Las elecciones deben ser siempre una fiesta de la democracia y una oportunidad para renovar esperanzas y albergar nuevos sueños.

Haré todo lo posible para que así sea. Como Jefe de Estado, mi obligación principal será la de contribuir a la realización de un torneo electoral que sea abierto, plural y justo, y que simbolice la legítima expresión de la voluntad del pueblo dominicano.

Como garantía de que se cumpla con ese objetivo, he solicitado con anterioridad, y en estos momentos reitero, la presencia de observadores internacionales, a través de la OEA, el Centro Carter y el Instituto Demócrata Nacional, entre otros, para que presten su testimonio ante el mundo acerca de la forma en que se desenvuelva el proceso entre nosotros.

Ese venidero proceso electoral deberá ser un nuevo aporte a la consolidación del Estado Democrático de Derecho en la República Dominicana.

Luego, independientemente de sus resultados, debemos continuar, entre todos, con el debate, la aprobación y la puesta en ejecución de las reformas institucionales aún pendientes de realizarse en el país, empezando por la reforma a la Constitución de la República.

Señoras y Señores:

Al cumplirse 164 años de la Fundación de la República, nunca antes nuestra bandera había ondeado con mayor intensidad. Nunca nuestro escudo había brillado con mayor esplendor y nunca nuestra dominicanidad se había sentido con mayor orgullo y con mayor sentimiento patriótico.

Todo cuanto somos, sin embargo, se lo debemos a tres ilustres patricios: a Juan Pablo Duarte, Ramón Matías Mella y Francisco del Rosario Sánchez, que aún cuando otros consideraban que la idea de una Nación Dominicana era una simple quimera o una utopía, ellos tuvieron el valor y la disposición de sacrificar sus propias vidas en aras de la cristalización de ese noble ideal.

Hoy somos más fuertes que nunca. Tenemos presencia en todos los continentes del planeta. Tenemos compatriotas ilustres que se han destacado más allá de nuestras fronteras. Tenemos atletas, tenemos poetas, tenemos artistas; tenemos hombres y mujeres laboriosos. Tenemos un pueblo honrado e inteligente, dotado por Dios, el Creador, de virtudes excepcionales.

Como parte del avance y de la prosperidad experimentados por nuestro pueblo, el año pasado, en este mismo recinto, ante esta misma Augusta Asamblea, hice una grave y solemne promesa.

Les prometí que hoy recorreríamos en el Metro de Santo Domingo desde la estación del Centro de los Héroes hasta la estación Mamá Tingó en Villa Mella.

Entonces, sólo les solicité una condición: nada de chicharrones.

Hoy he venido a cumplir mi promesa. Les pido que me acompañen. Que Subamos al Metro. Que Subamos al progreso.

¡Viva la República Dominicana!

¡Vivan los Padres Fundadores de nuestra nacionalidad!